Capítulo 114
Diana contuvo la respiración al notar los ojos negros, entreabiertos y somnolientos, que la miraban de cerca.
—¿Kayden? —Dudó un momento antes de susurrar su nombre.
Los ojos de Kayden estaban realmente abiertos, pero ella no podía decir si estaba completamente despierto o simplemente hablaba dormido debido a la mirada soñadora en sus ojos.
Kayden continuó mirando a Diana con ojos desenfocados.
Sintiendo el calor de su contacto cercano, Diana decidió despertarlo y alzó la voz.
—Kay... ubp.
Pero justo cuando estaba a punto de hablar, Kayden ladeó ligeramente la cabeza, como Diana lo había hecho antes. Ese pequeño movimiento unió sus labios sin dejar espacio.
Kayden movió la mano que sujetaba la muñeca de Diana, rodeándola con ella por la cintura, mientras la otra se hundía en su cabello, sujetándole la cabeza. Su tacto parecía delicado, pero había una sensación de obsesión que la impedía apartarse.
Un gemido escapó de los labios de Diana cuando sus lenguas se entrelazaron, y un calor intenso, mucho mayor que el que transmitían sus cuerpos, llenó su boca. Su cuerpo, tenso por la sorpresa, se relajó gradualmente bajo las suaves caricias. Lentamente, el calor se extendió a su rostro y su mente se nubló.
«Debería… alejarme». La última sensatez que le quedaba se impuso.
Sea cual fuere el motivo, Diana había rechazado a Kayden. Había puesto un límite, diciéndole que no se acercara más, y Kayden lo había respetado. Así que, si Kayden hubiera recuperado la cordura, seguramente la habría liberado y se habría disculpado por sus acciones. Pero...
Diana intentó reunir fuerzas en sus manos para apartar a Kayden. Sin embargo, su cuerpo ignoró sus órdenes, aferrándose a su ropa y atrayéndolo aún más. En realidad, así era como se sentía.
Los ojos de Diana, aún cerrados al besar a Kayden, se contrajeron levemente de angustia. Finalmente, una lágrima se deslizó por el rabillo del ojo.
«No te despiertes».
Como el protagonista de un cuento de hadas cuya magia termina a medianoche. Al abrir los ojos del todo, volverían a mantener la distancia adecuada, mirándose con sonrisas ambiguas. Así, solo por un ratito. Aunque este momento se convierta en un espejismo fugaz en tu memoria.
«Quiero abrazarte fuerte». Quería tener a Kayden con ella, aunque solo fuera así.
En ese momento, Kayden, quien la había estado besando insistentemente con los ojos cerrados, lamiendo y mordiéndose los labios, entreabrió ligeramente los ojos. A diferencia de antes, ahora estaban despejados, sin rastro alguno de confusión. Contempló en silencio la lágrima de Diana, brillando a la luz de la luna mientras se deslizaba por el rabillo del ojo.
Los ojos de Kayden, al igual que los de Diana, se retorcieron lentamente de dolor. Contempló sus párpados cerrados con una sonrisa amarga.
«Si le pregunto por qué llora se sorprenderá ¿verdad?»
Pero incluso sin preguntar, sintió que ya sabía la respuesta.
La mano de Kayden se deslizó desde la cintura de Diana para acariciarle la espalda. Al tocarla, un gemido de dolor escapó de la boca de Diana. Estar tan cerca, sus cuerpos tocándose, acariciándose la piel y compartiendo respiraciones lo hacía aún más seguro.
—El anillo.
—¿Qué?
—Investiga el anillo.
Ese día, el elementalista que visitó la habitación de Elliot, probablemente D. Obscure, era Diana.
«¿Por qué?»
Para ser honesto, quería agarrar a Diana por los hombros y exigirle una explicación.
¿Por qué había ocultado su identidad? ¿Le había parecido divertido que él, tontamente, no la hubiera reconocido y se hubiera tambaleado? Pero...
—No quiero que sufras el dolor solo. No quiero que corras peligro.
—Quiero que seas más feliz que nadie.
Por otro lado, quería creer que todas esas palabras, las sonrisas, los sentimientos y los gestos desesperados por llegar a él. Quería creer que no todo eran mentiras.
Así que Kayden decidió secar las lágrimas de Diana, sin querer romper el sueño, y volvió a cerrar los ojos. Simplemente la abrazó con más fuerza por la cintura. Como quien vaga por el desierto y finalmente siente el roce de la lluvia, buscó con avidez su aliento y le robó la saliva.
Y así decidieron quedarse en ese sueño, aunque fuera sólo por una noche.
—Pensé que nunca te volvería a ver…
—No digas esas cosas, Liot.
Mientras Elliot miraba de un lado a otro entre Kayden y Diana con una expresión melancólica mientras sostenía una taza de té, Fleur le tocó ligeramente el hombro e hizo pucheros.
Elliot sonrió disculpándose.
—Es broma, solo es broma.
Pero todos los presentes sabían que sus palabras no eran del todo una broma, por lo que nadie intervino.
Hoy fue el día en que Elliot fue finalmente declarado completamente recuperado por el médico imperial. En cuanto se levantó, saludó a la emperatriz y al emperador, y luego fue directo a ver a Kayden y Diana. Así, el primer príncipe y su esposa, junto con el tercer príncipe y su esposa, disfrutaban de una sencilla merienda en el jardín.
Elliot estaba un poco más delgado que antes de desplomarse, pero ya no lucía pálido como la muerte. Los moretones morados que alguna vez cubrieron todo su cuerpo también habían desaparecido.
Después de consolar a la molesta Fleur, Elliot dejó su taza de té y habló con calma.
—Kayden.
—Sí, hermano.
—Gracias.
Sus palabras y su voz estaban cargadas de significado, tanto que era imposible medir su sinceridad.
Kayden no pudo encontrar una respuesta, simplemente apretó los puños sobre su regazo. Fleur y Diana también jugueteaban en silencio con sus tazas de té.
Elliot finalmente sonrió con retraso.
—Hacía tiempo que no nos reuníamos así, así que siento haber creado un ambiente tan sombrío. Pero sentí que debía decirlo.
—…Estoy agradecido de que te hayas recuperado sano y salvo. —Kayden finalmente respondió con una sonrisa.
Ante su respuesta, el rostro de Elliot se iluminó con una radiante sonrisa. Fleur y Diana también sonrieron al verlo. Empezaron a charlar como siempre, como si nada hubiera pasado, agradecidas por la oportunidad de sentarse juntas y conversar de nuevo.
Elliot, incómodo con su dedo anular izquierdo vacío, jugueteaba con el lugar donde solía estar su anillo, con la cabeza gacha con tristeza.
—Aunque el anillo fuera el problema, me siento mal por tirar mi anillo de bodas...
—Silencio. ¿Crees que es solo una mancha que se irá si la limpias? Es más seguro comprar uno nuevo.
—Pero, Fleur…
—Ya estamos haciendo uno nuevo con la misma piedra preciosa, ¿no? —Fleur meneó la cabeza con exasperación.
Elliot se desplomó debido al veneno que había ennegrecido el interior de su anillo. Cualquier persona normal habría tenido razón al tirarlo por la ventana de inmediato, inquieta. Pero Elliot insistió en limpiarlo y volver a usarlo simplemente porque era su anillo de bodas con Fleur. Era natural que la emperatriz, quien casi pierde a su hijo y esposo, y la primera princesa consorte Fleur casi se desmayaran al escuchar eso.
Al final, Fleur tuvo que convencer firmemente a Elliot para que quitara la gema del anillo de bodas y mandara a hacer uno nuevo. Pero a Elliot parecía preocuparle la idea de quemar el anillo con tantos recuerdos, y jugueteaba constantemente con su dedo vacío.
Tras volver a mencionarlo y ser regañado por Fleur, Elliot, con aspecto abatido, de repente volvió la mirada hacia Diana.
—Ah, sí. Diana.
—¿Sí?
—¿Por casualidad viniste a visitarme mientras estaba enfermo? Recuerdo vagamente haber oído tu voz en un sueño.
Ante sus palabras, los hombros de Kayden y Diana se estremecieron al unísono.
Athena: Ay, chicos. De verdad que me desesperáis un poco.