Capítulo 69
—¡Ah…!
El rostro de Fiona se contrajo al apartar bruscamente la mano del ramo. La reacción fue, sin duda, la de alguien que se ha pinchado con una espina.
En ese momento, Cedric se llenó de euforia.
Un breve destello de luz emanó de debajo de la capa de Fiona. Los ojos de Cedric se abrieron de par en par al reconocerla.
«Eso es… ¿La luz de un dispositivo mágico?»
Inmediatamente después, una campana ensordecedora sonó, rompiendo el silencio.
—Keugh, ¿qué es esto…?
Cedric se tapó los oídos instintivamente y miró a Fiona. Su sorpresa aumentó al verla allí de pie, perfectamente bien, mirándolo con un dejo de desprecio en los ojos. A pesar de estar claramente pinchada por la espina envenenada, ¿por qué estaba ilesa?
¿Podría ser...? Un pensamiento escalofriante cruzó la mente de Cedric. Su mirada se dirigió involuntariamente hacia el ramo.
Las flores, ahora en el suelo, estaban marchitas, como si algo las hubiera atacado. Era un estado antinatural.
¿Podría ser que ella tuviera más de un dispositivo mágico en ella…?
—¡Por aquí! ¡Por aquí!
—¡Esa es la señal de la señorita! ¡Rápido!
Unas voces provenientes de la mansión interrumpieron el hilo de pensamientos de Cedric. Torció el rostro e intentó huir, pero los caballeros del duque Yelling fueron más rápidos. Le retorcieron los brazos a la espalda y lo tiraron al suelo.
Cedric se retorcía de dolor, intentando soltarse.
—¡Suéltame! ¡¿Sabes siquiera quién soy...?!
Pero los caballeros ignoraron los gritos de Cedric y se volvieron hacia Fiona. Fiona se llevó las manos temblorosas al pecho. Sus manos estaban bien, sin un solo rasguño.
—…Sí, estoy bien.
Observó aturdida cómo Cedric, atado por los caballeros, era arrastrado hacia la mansión, aún forcejeando. El rostro que siempre había considerado angelical ahora estaba retorcido por la malicia. Los ojos que antes le parecían tan claros como un lago transparente ahora eran aterradores y llenos de ira.
—Tenga cuidado con Cedric Haieren, señorita. Le digo esto porque me ha considerado un amigo.
Esperaba que no fuera cierto…
Fiona luchó por calmar su temblor, pero finalmente dejó escapar un gemido y se tapó la cara con las manos. Sus delicados hombros se estremecieron como una hoja.
No hace mucho tiempo, el día en que Cedric lastimó "por error" a Fiona.
—Regresaré sola. Así que tú también deberías regresar pronto. ¿Comprendido?
Fiona había dejado a Cedric en la fiesta y salió sola. Sin embargo, camino a su carruaje, le fallaron las piernas y se desplomó en el acto.
—Ah…
Fiona se miró las manos temblorosas y dejó escapar un pequeño gemido. Su mano, que Cedric había agarrado, ahora estaba magullada.
—Soy su compañero. Soy su compañero, señorita. ¡Cedric Haieren, no un simple caballero...!
El rostro de Cedric parecía demoníaco al pronunciar esas palabras. Sus ojos, que brillaban amenazadoramente, y su voz feroz parecían completamente ajenos a la persona que ella conocía.
«Debió haber... perdido los estribos por un momento. Debe ser eso». Fiona se repetía desesperada. Recordó que Cedric le preguntó sobre flores y calmó sus nervios con una sonrisa.
Sí, a veces todo puede ser irritante. Cedric debió ser así también. Estaba celoso porque ella parecía cercana a Sir Antar... Debió ser un error momentáneo.
A Cedric le gusta ella.
Sin embargo, la imagen de Cedric, quien por un momento actuó como si fuera a estrangularla, no podía abandonar la mente de Fiona. Fiona dejó escapar un sollozo involuntario.
—¿Señorita Yelling?
En ese momento, una voz familiar llegó desde atrás. Cuando Fiona giró la cabeza, vio a Antar mirándola con expresión de sorpresa.
—¿Está llorando?
—N-No…
Fiona intentó recuperar la compostura y negarlo. Pero Antar ya se había acercado y se había arrodillado a su lado. Al ver el moretón en su mano, frunció el ceño.
—¿Quién…? ¿Podría ser que Lord Haieren haya hecho esto?
—Ah, eso... El señor Haieren malinterpretó nuestra relación y se puso un poco celoso. Fue solo un error.
Fiona se tiró de la manga para taparse el moretón y forzó una sonrisa. La imagen de Cedric tranquilizándola con una sonrisa aún persistía en su mente. Pero el rostro de Antar se tornó más serio. La miró a los ojos con expresión seria.
—Señorita. Sea un error o no, ser incapaz de controlar la ira y poner las manos sobre otra persona no es algo que una persona normal haría. Sobre todo, si no hay ninguna razón justificada para ese enojo.
Las palabras de Antar la dejaron sin palabras. Las palabras que Cedric había usado para menospreciar a Antar al mencionar su origen resonaron en sus oídos. Fiona se quedó sin palabras, boquiabierta.
Antar, mirándola con lástima, se decidió y dijo:
—Señorita. Para ser franco, sigo la orden del tercer príncipe porque es mi benefactor. Pero dejando eso de lado...
Antar hizo una pausa para respirar. Sabía que hablar demasiado rápido podría despertar sospechas o cautela en Fiona, pero continuó.
—Tenga cuidado con Cedric Haieren, señorita. Le digo esto porque me ha considerado un amigo.
Después de eso, Antar ayudó a Fiona a subir a su carruaje y ella regresó a la mansión.
En ese momento Fiona pensó que era una tontería.
«Ten cuidado con Cedric. ¿Por qué debería tenerle miedo a ese hombre que todos dicen que es como un ángel y tan amable?»
Pero poco después, recibió una carta secreta de Cedric pidiéndole que se reuniera. Normalmente, habría aceptado sin dudarlo, creyendo que Cedric nunca le haría daño. Pero tras la advertencia de Antar, no pudo librarse de la inquietud. Aunque se sentía culpable por dudar de Cedric, no se atrevía a aceptar verlo de inmediato.
Al final, Fiona, tras mucha deliberación, envió una respuesta aceptando reunirse y llevó consigo un dispositivo mágico cuando fue a verlo. Uno era de protección, liberando magia para proteger al usuario del veneno o el peligro. El otro era un dispositivo que resonaba con el dispositivo de autodefensa para emitir fuertes alarmas.
«Después de todo, probablemente no necesite usarlos». Se tranquilizó, creyendo que Cedric no le haría daño.
Escondiendo los dispositivos mágicos bajo su capa, Fiona fue a encontrarse con Cedric. Él la esperaba en el lugar acordado con expresión nerviosa, pero su rostro se iluminó con una sonrisa al verla.
—Señorita.
Al ver la inconfundible mirada de alguien enamorado en ese rostro, Fiona no pudo evitar sentirse aliviada. Claro que Cedric jamás haría algo así.
Cedric se disculpó sinceramente por sus celos y le regaló un ramo, confesándole su amor. Aunque recibió sus disculpas y llegó el momento tan anhelado, no sintió la alegría que esperaba. Contempló el ramo con expresión incómoda antes de tomarlo.
—Es precioso. ¿Son estas… flores de Haieren?
—Sí. Se parecen a las rosas, pero tienen hojas con formas ligeramente diferentes.
La curiosidad acalló momentáneamente su inquietud. Fiona examinó las flores de Haieren con interés. Al hacerlo, un dolor agudo le pinchó la yema del dedo.
—¡Ah ...! —Fiona retiró la mano; le temblaba el hombro. Por reflejo, miró a Cedric. ¿Se le habría pasado por alto quitarle una espina?
Error. La palabra golpeó su mente como un rayo.
Fiona entonces vio a Cedric mirándola con una cara llena de euforia.
Athena: Ay… menos mal que fuiste precavida. Menos mal que Antar te advirtió.