Capítulo 97

Impulsado por la ansiedad, Kayden procesó su trabajo con furia a una velocidad increíble. Y en cuanto terminó de revisar el último libro de contabilidad, se levantó rápidamente y fue a buscar a Diana. Ni siquiera tuvo la serenidad de llamar a Patrasche, quien probablemente estaba revisando otras partes del castillo.

—¿Dónde está ella?

Siguiendo las instrucciones de los guardias de la finca, Kayden caminó rápidamente hacia donde Diana había desaparecido. Por suerte, no había pasado mucho tiempo, así que Kayden pronto vio a Diana cerca de unos árboles frutales.

—Di…

Kayden, que estaba a punto de llamarla con una expresión radiante, se detuvo de repente sin darse cuenta. Se quedó allí, conteniendo la respiración, con la mirada perdida ante la escena que se desarrollaba ante él. Diana estaba rodeada de unos agricultores que aprendían a recoger fruta.

—Entonces lo haces así…

—Sujétalo con cuidado así…

Siguiendo las indicaciones de los agricultores, Diana acercó con cuidado las tijeras al tallo de la manzana verde. Su rostro estaba tan serio que Kayden temió que empezara a sudar nerviosamente.

Con un pequeño corte, la manzana verde cayó en la mano de Diana. Sus ojos se abrieron de par en par, sorprendida, y se giró hacia los granjeros, radiante.

—Mirad eso. Esta vez lo hice bien, ¿verdad?

—¡Sí, lo hicisteis perfectamente!

—¡Su Alteza! ¿Os gustaría probar este lado ahora?

—¡Oye, me toca a mí primero! ¡No te metas en la fila!

Mientras los granjeros discutían alegremente, Diana abrió mucho los ojos antes de soltar una risita. Giró la cabeza y le mostró la manzana a Antar, diciéndole algo. Antar le devolvió la sonrisa. Sus rostros estaban cerca, demasiado cerca, y parecían tan bien emparejados.

Antar miró a Diana, quien inspeccionaba la manzana con una suave sonrisa. Los apagados ojos azules, siempre tan tranquilos y apáticos, ahora mostraban una calidez inusual. Kayden se dio cuenta, en un momento de estupefacción, de que la expresión de Antar era idéntica a la suya al mirar a Diana.

Sintió como si alguien le hubiera dado un fuerte golpe en la cabeza. Al observar a Diana y Antar, que parecían encajar a la perfección, Kayden se sintió repentinamente abrumado por una oleada de ansiedad que había olvidado.

La idea de divorciarse de Diana significaba no solo que otra mujer podría tener la oportunidad de acercarse a él, sino también que... Diana podría casarse con otro hombre. Lo había sabido en su cabeza, pero ahora lo sentía de verdad en su corazón. Sentía como si le arrancaran un rincón del corazón, y Kayden tuvo que quedarse allí un buen rato, intentando calmar el dolor.

Estaba en el carruaje de regreso al palacio después del trabajo. De repente, Kayden hizo una sugerencia:

—He oído que hay un lago precioso cerca, bastante diferente del palacio. ¿Te gustaría pasar? Tengo algo que decirte.

—Ah... claro. —Diana dudó, pero finalmente accedió a su sugerencia. Había dudado instintivamente, pensando que debía mantener las distancias con él. Aun así, también tenía algo que decirle.

«Rechacémoslo. Eso es… lo correcto». Diana apretó la tela de su vestido sobre su regazo y se decidió.

Después de que Kayden golpeó la pared del carruaje para informar al cochero del cambio de destino, se quedó en silencio, lo cual era raro, muy parecido a Diana.

—Hemos llegado.

Pronto, el carruaje llegó a la orilla del lago. Diana tomó la mano de Kayden al bajar del carruaje, dejando escapar un suspiro involuntario.

Dios mío. La vista era tan impresionante que por un momento olvidó lo que tenía que decirle a Kayden y la necesidad de mantener la distancia.

Todo el paisaje estaba bañado por un brillante atardecer carmesí. La superficie del amplio lago relucía como si estuviera salpicada de diamantes carmesí. Y la hierba y las flores de las colinas bajas que lo rodeaban se mecían suavemente con la brisa. Era una vista abrumadoramente majestuosa a pesar de su tranquilidad.

Diana, profundamente conmovida, soltó la mano de Kayden y comenzó a subir lentamente la colina. Antar, instintivamente, se movió para seguirla.

—Sir, quédese aquí. —Kayden bloqueó el camino de Antar.

Antar, que apenas había empezado a dar un paso, se estremeció y se detuvo. Los dos eran casi de la misma altura. Antes de convertirse en el guardia de Diana, Antar siempre se inclinaba y se agachaba frente a ella y Kayden, así que no se había dado cuenta. Ahora, con el cuerpo erguido, sus miradas se cruzaron de cerca.

Kayden repitió con firmeza, aunque con una sonrisa amable:

—Sir, quédese aquí.

…Ah. Al ver la mirada cautelosa en los ojos de Kayden, Antar suspiró para sus adentros. Kayden lo había descubierto. Eso fue lo que cruzó por su mente. Rápidamente inclinó la cabeza, ocultando su rostro con una expresión preocupada.

Pero Kayden ya había visto la breve mirada de culpabilidad que cruzó el rostro de Antar.

«Así que era cierto...» Kayden se dio cuenta, por la reacción de Antar, de que realmente sentía algo por Diana, lo que le causó una amarga sensación. Se quedó de pie un momento, mirando la parte posterior de la cabeza inclinada de Antar, antes de girarse para seguir a Diana.

Antar no se enderezó hasta que ya no oyó los pasos de Kayden. Mientras tanto, Diana se había detenido a mitad de la colina y contemplaba el lago.

—Es realmente hermoso…

Kayden se acercó a ella. Al ver a Diana tan cautivada por el paisaje, rio suavemente.

—¿Te gusta?

—Sí. Muchísimo.

—Le pregunté al barón Wolford si había algún lugar famoso cerca donde no hubiera mucha gente, y me recomendó este lugar.

—Un lugar famoso con poca gente. ¿No fue una petición un poco irrazonable?

—Probablemente sí. ¿Te molesta? —Kayden sonrió juguetonamente mientras hablaba.

Diana le devolvió la sonrisa ante sus palabras, pero no dijo, como podría haberlo hecho antes, que no le molestaba. Esa pequeña diferencia por sí sola fue suficiente para enloquecer de ansiedad a Kayden. Sobre todo, ahora que acababa de confirmar que Antar sentía algo por ella.

Impulsado por su creciente inquietud, Kayden finalmente habló en voz baja:

—...Hay muchos lugares más famosos que este en el imperio. Vamos a visitarlos juntos. Tú y yo.

Kayden hizo la oferta con una suave sonrisa. Al ver su rostro, que parecía brillar con la calidez del atardecer, Diana se dio cuenta de algo. Ah. Esta conversación era una extensión de la que tuvieron sobre su "confesión" la última vez.

A medida que se acercaba el momento de hablar, su corazón empezó a calmarse. Quizás se sentía más cerca de la resignación. Diana juntó las manos frente a ella. Le sonrió a Kayden mientras lo miraba.

—Kayden.

—¿Sí?

Kayden vio luces y sombras en la sonrisa cariñosa de Diana. Su corazón se aceleró al verla sonreír, pero al mismo tiempo, una parte de él gritaba que debía detenerla antes de que dijera lo que estaba a punto de decir. Pero, por desgracia, antes de que pudiera hablar, Diana bajó la mirada y dijo con voz clara.

—Lo siento.

Por encima del pesado silencio, solo se podía escuchar el sonido del viento rozando las flores y la hierba silvestre como una ola.

Fue solo una disculpa, sin explicación de su propósito. Pero tanto Kayden como Diana sabían que era una disculpa por rechazar la confesión de Kayden. O, dicho con más precisión...

Un rechazo… Kayden apretó el puño con fuerza a su lado. Cerró los ojos con fuerza y respiró hondo. Tras mover los labios varias veces, por fin logró encontrar la voz y preguntó.

—…Quizás sea demasiado tarde para preguntar esto ahora, pero. ¿Puedo preguntar por qué quieres el divorcio?

 

Athena: A mí todo eso me parece muy tonto, la verdad. Lo único que tiene peso real es el sentimiento de culpa por las acciones de la vida pasada, ¿pero el resto? Burdas excusas. Como mucho sí te puedo aceptar lo de ser elementatista de oscuridad porque se supone que fue borrado en la antigüedad.

Espero que no se alargue mucho esta tontada.

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