Capítulo 170

Era evidente que una tormenta de recuerdos dolorosos se desataba en la mente de Dietrich.

Su rostro cambiaba a cada segundo, como si quisiera demostrar que existían muchos matices diferentes de sufrimiento.

Sus párpados temblaban, sus labios se abrían y cerraban.

—Tú… se supone que debes estar…

—¡No estamos muertos! ¡Hemos estado atrapados aquí!

Dietrich también se sentía atraído por ellos, y sus pasos vacilaban.

Su razón se estaba desmoronando.

Era como si estuviera a punto de seguirlos directamente a las profundidades del infierno.

Sabía la agonía que había sufrido al verlos en su vida pasada. Aunque comprendía que no eran sus amigos, había sufrido igualmente.

—Hermana.

Johannes me llamó.

—Las cosas no saldrán como deseas.

¡Ni hablar de que no lo harán!

—¡Dietrich! ¡No los mires!

Pero Dietrich ya había sucumbido a su influencia. En ese momento, estaba atrapado en el tormento de su pasado.

Yo era una desconocida para él, así que, por supuesto, se dejaría influenciar por ellos.

Aun así… por alguna razón, me entristeció.

Necesitaba reaccionar.

Moví mi cuerpo liberado y corrí hacia Dietrich.

—¡Dietrich!

Lo llamé de nuevo.

—Mírame.

No los mires.

—Dietrich, ven aquí.

—Tienes que salvarnos.

Los muertos vivientes le susurraban sin cesar, robándole sus preciados recuerdos y atrayéndolo aún más.

Entonces…

Un pequeño objeto rodó hacia mis pies.

Tomé el anillo sin pensar demasiado y volví la mirada hacia la dirección de donde había venido.

Noah.

Era el anillo de Johannes.

—Niño, ¿por qué me das esto…?

No dijo ni una palabra, pero lo entendí.

Úsalo para detener a Johannes.

El anillo ahora pertenecía a Noah. Eso significaba que también atacaría a Johannes.

Me lo puse.

Pero incluso entonces, dudé en actuar.

¿Y si no fue Johannes, sino Noah quien terminaba herido...?

Sin embargo, la mirada de mi hijo permanecía inmutable. Aunque no hablaba, podía oír sus pensamientos con la misma claridad que si lo hubiera hecho.

«Esta es tu última oportunidad, madre».

Bien.

Tomé una decisión y activé el anillo.

Corrí hacia el candelabro de plata fijado a la pared.

Los muertos vivientes me seguían, pero yo era más rápida.

Antes de que Dietrich pudiera entrar en este lugar…

Alcé el borde afilado del candelabro y lo giré hacia mí, apuntando a la parte más profunda de mi cuerpo.

Desde lejos, el grito de Johannes resonó.

Debió de funcionar.

Las formas de los no muertos comenzaron a desmoronarse.

—¡Hermana…!

—Escúchame, Dietrich.

Mientras los cuerpos de sus amigos se desmoronaban, apenas estaba en sus cabales.

Sin siquiera entrar en la mansión, cayó de rodillas, mirando fijamente las figuras que se desvanecían.

Quizás, en su mente, sus queridos amigos ya habían muerto una vez.

Pero.

—Esos no son tus amigos.

—¿Cómo es posible? ¿Qué demonios está pasando ahora mismo? ¿Y tú… quién eres exactamente?

—Soy…

Una vez más, mi cuerpo comenzó a ponerse rígido.

El precio que había pagado por el tiempo que el demonio había controlado mi cuerpo finalmente llegaba a su fin.

—Cierra la puerta y vete. Entonces te lo contaré todo.

Ah, se acabó.

El control de mi cuerpo volvió al demonio. La historia del juego estaba a punto de comenzar de nuevo.

—El final no llegará, Charlotte.

El demonio me miró con desprecio mientras volvía a tomar el control de mi cuerpo.

Ahora que había vuelto a sus orígenes, parecía creer que podía manipular a Dietrich tanto como quisiera.

La desesperación y el miedo me consumieron por completo.

Por favor, deja que Dietrich me escuche.

Siguiendo la voluntad del demonio, mis labios pronunciaron su nombre.

—Dietrich…

—Si me vas a contar todo, entonces cerraré la puerta.

—¿Qué?

Dietrich retrocedió.

Extendió la mano hacia el pomo de la puerta para cerrarla.

De repente, abrí la boca apresuradamente. El demonio parecía estar entrando en pánico.

—Por favor, pase, señor.

—¿No me acabas de decir que cierre la puerta?

—¡Lo que acaba de pasar fue…!

—Pero, señorita, ¿por qué cambian de color sus ojos? Cada vez que cambia su comportamiento.

Dietrich me miró con recelo, agarrando con fuerza el pomo de la puerta.

Parecía haber tomado una decisión.

—¡Maldita sea! ¡No!

El demonio gritó desesperadamente, pero la puerta se cerró aún más rápido.

—Entonces, adiós.

¡Pum!

La puerta se cerró.

En ese momento, la fuerza invisible que había estado controlando mi cuerpo desapareció.

Ah.

Por fin había terminado.

Tras cerrar la puerta, Dietrich recordó lo que acababa de ocurrir dentro.

Sus amigos muertos habían regresado.

«Eso es imposible».

Soltó una risa hueca.

Se rio, luego su rostro se torció.

Un milagro así jamás podría ocurrir. La forma en que sus figuras habían comenzado a desmoronarse era prueba de que no eran sus amigos, sino monstruos.

La forma en que intentaron atraerlo al interior dejaba claro que le esperaba una trampa en aquella mansión.

Era una finca extraña.

Ahora entendía por qué a Lindbergh lo llamaban maldito.

Entonces, cerró la puerta.

¿Pero quién era esa mujer?

Una mujer cuyos ojos cambiaron de azul a rojo.

Una mujer que parecía irradiar una luz brillante, solo para ser engullida una y otra vez por una fuerza de oscuridad absoluta.

Dietrich, vencido por el cansancio, apoyó la cabeza contra la puerta.

El momento en que sus amigos habían muerto pasó fugazmente por su mente.

El peso sobre sus hombros le oprimía el pecho, dificultándole la respiración.

Fue una miseria.

Su vida no había sido más que miseria.

Y ahora, abandonaría este lugar y regresaría a su miserable existencia.

Bajo la lluvia torrencial, el hombre dejó que las lágrimas cayeran. Siempre había reprimido sus emociones, pero solo por esta vez, se permitió llorar.

Incapaz de soportar la abrumadora soledad, se alejó tambaleándose de la puerta.

Tenía que irse.

Tenía que seguir por el camino que le estaba destinado.

Dietrich se dio la vuelta.

En la oscuridad más absoluta.

En ese instante, la puerta oxidada emitió un lento crujido al abrirse. Al darse la vuelta, una cabellera rubia platino brilló en la penumbra.

Era un brillo tan radiante que parecía que iba a hacerlo caer de rodillas.

—¡Dietrich!

Como un torrente de luz, la mujer corrió hacia él y lo abrazó.

Dietrich, por instinto, la agarró por los hombros para apartarla. Era una persona desconfiada.

—Dietrich…

Ella se aferró a él, llorando, llamándolo por su nombre una y otra vez.

Quería preguntarle cómo sabía su nombre.

—Dietrich, Dietrich…

Ella pronunciaba su nombre una y otra vez, como si estuviera desahogando todo su anhelo.

Y en ese momento, dudó.

—Dietrich…

¿Quién era esa mujer que lo conocía?

Todo en ella resultaba sospechoso. Y sin embargo…

Estaba tan solo.

Cada vez que ella pronunciaba su nombre, el dolor que sentía en su interior parecía disminuir, aunque solo fuera un poco.

La oscuridad que lo había consumido retrocedió ante su luz.

Dietrich abandonó la idea de apartarla y, en cambio, la abrazó.

Quizás fue una idea tonta.

Pero tal vez…

No era la mansión maldita lo que realmente lo había embrujado.

Quizás fue esta mujer.

Quizás la razón por la que intentó entrar en la mansión en primer lugar... era para verla una vez más.

El escenario ni siquiera había comenzado.

Y así, la maldición que aún no se había materializado quedó destrozada.

En cuanto recuperé mi libertad, corrí hacia Noah. El niño, completamente agotado, se había desplomado en el suelo.

—…Noah.

Noah había recuperado su forma original. Ya no tenía la apariencia de una criatura pequeña.

—Lo siento. No te reconocí.

—…Madre.

—Desconfiaba de ti. Me alejé de ti. Lo siento.

Abracé al niño y le susurré suavemente. Estaba calentito.

Pero entonces, su cuerpo comenzó a desvanecerse.

—¿Por qué…?

Él estaba desapareciendo, junto con la maldición de la mansión. Y en ese momento, lo comprendí.

Noah había hecho un pacto con el demonio. Así fue como empezó este juego.

—Ahora que el juego ha terminado, ¿tú también vas a desaparecer…?

Pero entonces, ¿por qué seguía yo aquí?

Mi alma había sido intercambiada por esta tierra. Mi vida había sido…

—Cien oportunidades.

Ese dolor fue la razón por la que seguí existiendo. Pero Noah… él no estaba sujeto a las mismas condiciones.

No podía salir vivo de ese lugar.

—No lo sabía…

No. No puedo perderte.

Lo abracé con todas mis fuerzas, pero su figura se volvía cada vez más difusa.

—¿Me quieres?

—¿Por qué preguntas algo así…?

Por supuesto.

Lo di a luz en pleno invierno.

Había sido la etapa más difícil de mi vida.

El invierno siempre había sido una estación que detestaba. Cuando desobedecía a mi padre, me mandaba afuera, a la nieve, obligándome a acurrucarme en los establos, temblando de frío.

El recuerdo seguía muy vivo. Por eso siempre había detestado el invierno.

—Pero después de tenerte, me enamoré del invierno.

Noah me miró en silencio.

Entonces, sonrió.

—…Te quiero, mamá.

Y así, sin más, desapareció.

Durante mucho tiempo no pude moverme.

Entonces…

Una leve sensación de aleteo se agitó en mi estómago.

Puse mi mano sobre ella.

Ah… ya veo.

El tiempo había retrocedido, pero…

Este cuerpo era diferente.

Nunca envejecería.

Se quedó congelado en el tiempo.

Me acaricié el vientre.

«Así es como estás aquí, niño».

Una leve sonrisa se dibujó en mis labios.

Y con eso, salí de la mansión.

La lluvia había cesado.

A lo lejos, un hombre se alejaba de Lindbergh.

—¡Dietrich!

Lo llamé por su nombre mientras corría hacia él.

Mi amor.

Mi luz.

Mi todo.

Mi felicidad.

Lo abracé por completo.

Te amo.

Con toda mi vida.


Athena: Y… ¡se acabó! Vaya, esta historia me enganchó pero he querido entrar muchas veces a ahorcar a la protagonista jajaj. A ver, me ha gustado. Es una historia diferente y da juego, pero Charlotte me ha sacado de quicio muchas veces.

Dietrich es mi pobrecito de la historia. Al final el pobre ni se acuerda de nada, se muere cada dos por tres, ni se entera que tiene hijo… en fin. Y Noah también me ha dado pena. Entiendo cómo acabó haciendo todo y, al final, era un niño que necesitaba amor y que le vinieron las cosas muy mal.

Creo que todo se habría solucionado si la gente hablara las cosas, pero aquí todo eso brillaba por su ausencia. Por no hablar que NO hay que hacer nada con demonios (qué miedo).

En fin, espero que os haya gustado. En algún momento traeré las historias paralelas. ¡Nos vemos!

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