Capítulo 41
No mucho después de que el médico imperial se fuera, alguien llamó a la puerta y entró Diana. Sonrió cálidamente, vestida apropiadamente por primera vez en mucho tiempo.
—¿Estáis listo?
Kayden se giró al oír la voz de Diana y notó algo en su cabello, lo que le hizo una mueca de curiosidad.
—Eso...
—Ah.
Diana sonrió al extender la mano hacia el punto que Kayden observaba. Una pequeña flor tejida en una cinta decorativa rozó sus dedos blancos.
—Es la flor que me regalasteis el primer día que nos conocimos. ¿Os acordáis?
—¿Todavía tienes eso?
—Fue el primer regalo que me disteis. Quería guardarlo como recuerdo. —Diana jugueteó con su adorno para el pelo, soltó una risa tímida y bajó la mano.
Kayden no sabía si llorar o reír, así que simplemente la miró fijamente.
Diana ladeó la cabeza, perpleja.
—¿Kayden?
—No te preocupes. En cuanto Su Alteza ascienda al trono, me divorciaré de vos.
Kayden recordó las palabras de Diana y contuvo una sonrisa amarga. Siendo sincero, le guardaba un poco de rencor.
Diana era como el sol para Kayden. El sol en el cielo brillaba por igual para todos, pero… el propio Kayden se sentía como un viajero que, tras disfrutar del sol, terminó perdiendo su abrigo.
Sabía que esta relación estaba condenada desde el principio…
A medida que pasaba el tiempo, justo cuando el sol desaparecía sin piedad en el horizonte, incluso mientras se reía con Diana, cada vez que ella trazaba una línea o mencionaba el divorcio le recordaba el final.
Sólo un poquito, sólo un poquito, le molestaba que Diana no sintiera lo mismo.
«Qué descarado». Kayden soltó una breve carcajada autocrítica y se reprendió por dentro. Pronto, borró ese sentimiento y, con una sonrisa alegre, le tendió la mano a Diana.
—Combina bien con la ropa que llevas. ¿Es obra del diseñador que diseñó tu vestido de novia?
—Así es. ¿Cómo lo supisteis?
—Es solo una sensación. Se nota a simple vista, ¿verdad?
—Estabais un poco molesto hace un momento.
—Entonces, ¿no te gusta? —preguntó Kayden, entrecerrando los ojos con picardía.
Aunque ya tenía una apariencia excepcional, cuando sonreía con intención, su rostro se volvía tan cautivador que dejaba a cualquiera sin aliento. Sin embargo, a diferencia de su rostro, el corazón de Kayden estaba angustiado. Sentía que, si Diana decía que no le gustaba, se sentiría herido.
En ese momento, Diana soltó una risita y tomó su mano extendida.
—Claro que sí.
Su firme respuesta sin dudarlo un momento y la calidez de su mano apretando fuertemente la de él hicieron que Kayden mirara fijamente el rostro de Diana como alguien que de repente hubiera visto la luz, y entonces tomó una decisión.
«Aunque no pueda controlar mis sentimientos, al menos debería intentarlo». Decidió evitar ver a Diana lo más posible, salvo cuando fuera necesario.
Kayden no quería aferrarse a Diana contra su voluntad. Desde el primer encuentro, Diana se lo había dejado claro.
—Por favor, divorciaos de mí dentro de un año.
Ella no quería nada más que divorciarse en un año. Kayden le había prometido cumplir ese deseo, y no quería romper esa promesa solo porque sus sentimientos habían cambiado.
Diana se había vuelto tan preciada y querida para Kayden. Así que decidió intentarlo. Para asegurarse de que Diana no saliera lastimada por sus deseos egoístas, mantendría las distancias. Con esa determinación, Kayden apretó la mano de Diana con más fuerza.
Era la noche del banquete de celebración. En contraste con el espléndido salón de banquetes, se respiraba un ambiente peculiar entre la gente.
Una noble le susurró en voz baja a la persona que estaba a su lado, tapándose la boca con un abanico:
—¿Cuándo llegará la familia imperial...?
—Normalmente entran juntos, así que debería ser pronto.
—Entonces la primera princesa y el tercer príncipe también llegarán juntos.
—Por supuesto…
La gente no dejaba de mirar hacia la entrada del salón de banquetes, mezclando expectación y tensión. Ahora que Rebecca había sido derrocada de su inquebrantable posición, la principal preocupación de los nobles era si aliarse con Kayden, quien acababa de ascender como candidato al trono, o permanecer leales a Rebecca.
Aunque Kayden había demostrado una destreza notable en la reciente batalla simulada y había reclutado a un elementalista de tierra excepcional, el legado que Rebecca había construido como la "sucesora más adecuada al trono", junto con el apoyo de su familia materna, el duque Findlay, no podía ignorarse.
¿Surgiría un nuevo contendiente? ¿O sería solo una chispa fugaz que pronto se desvanecería? Como nadie podía predecir fácilmente el resultado, todos se observaban con cautela y guardaban silencio.
Entonces, sonó una bocina y la fuerte voz del asistente anunció:
—¡Su Majestad el emperador Richard Logan Bluebell y Su Majestad la emperatriz Mariella Bluebell están entrando!
La gente intercambió miradas significativas y rápidamente mostró su respeto.
Pronto apareció la familia imperial, caminando por la alfombra roja que se extendía a lo largo del salón de banquetes. Al frente, el emperador y la emperatriz entraron de la mano, seguidos por la primera, la segunda y la cuarta concubinas. A continuación, entraron los príncipes y las princesas.
La gente susurraba entre sí mientras miraban a Rebecca con su vestido blanco.
—La primera princesa está tan hermosa como siempre.
—Pero un vestido blanco… ¿No es demasiado llamativo para alguien que no ganó?
—Shh. Ten cuidado con lo que dices. Después de todo, sigue siendo la primera princesa...
De todos modos, Rebecca se mantuvo de pie, aparentemente imperturbable ante los susurros, en el lado opuesto de la plataforma de Kayden y Diana, quienes observaban a la multitud.
Mientras la familia imperial ocupaba sus asientos, el emperador recibió una copa de manos de un asistente. La levantó en alto y exclamó:
—La competición de este año estuvo a la altura de la reputación de contar con los mejores caballeros del continente. Disfrutad al máximo, pues todos habéis trabajado duro.
—Gracias, Su Majestad —respondió el pueblo al unísono, inclinando la cabeza.
El emperador vació su copa de un trago y luego bajó de la plataforma. Prefería disfrutar de los placeres en sus aposentos antes que del bullicioso banquete. Era costumbre que el emperador se marchara después de pronunciar su discurso de felicitación. Pero justo antes de irse, hizo algo inesperado que sorprendió a todos.
—Bien hecho. Te veo con otros ojos.
Antes de abandonar el salón de banquetes, el emperador bajó de la plataforma y le dio una palmadita en el hombro a Kayden al decir esto. Quienes lo oyeron abrieron los ojos de par en par, sorprendidos.
Kayden, también momentáneamente desconcertado, inclinó la cabeza rápidamente.
—…Gracias.
En realidad, los elogios del emperador no le agradaron en absoluto a Kayden, sobre todo porque le había dado la espalda a la tercera concubina inmediatamente después de su muerte. Pero con la mirada puesta en él, Kayden se inclinó por cortesía.
El emperador se alejó pronto con expresión aburrida. Kayden se irguió, con el rostro inexpresivo, pensando:
«Como era de esperar». Mientras tanto, quienes lo rodeaban no podían ocultar su asombro.
—¿Oíste eso? Justo ahora…
—Su Majestad definitivamente dijo “bien hecho”…
Rebecca intentó mantener la compostura, pero terminó apretando los dientes y los puños en silencio.
«¿Por qué? Después de estar callado todo este tiempo, ¿por qué ahora…?»
El emperador no había mostrado ningún interés en la cuestión de la sucesión. No apoyaba ni favorecía a nadie.
—Lo que ocurra después de mi muerte no es asunto mío.
Siempre mantuvo la actitud de que no importaba quién lo sucediera. Así, incluso cuando Rebeca regresaba tras una gran victoria contra los monstruos o recibía elogios del pueblo por su labor caritativa, el emperador permanecía en silencio y con expresión aburrida. Sí, definitivamente era así.
«¿Por qué al tercer príncipe…?»
Athena: Kayden, deberías usar el método que lleva por nombre esta novela. Sedúcela. Con tu cuerpo. Y tu personalidad, claro. Así no hay divorcio. Es un win to win.