Capítulo 63

La atmósfera pronto se volvió incontrolablemente sombría ante esas palabras, y Cisen se cubrió la boca con una cara pálida.

—S-Su Majestad.

Su agitación era demasiado grande, pero era comprensible.

Para Cisen, quien solo poseía los valores de este mundo, sería difícil aceptar una situación en la que la emperatriz hablara así de la muerte del emperador. Abrió apresuradamente la puerta del salón y echó un vistazo al pasillo, por si alguien la había oído, antes de cerrar la puerta con llave mientras regresaba, descorriendo también las cortinas para mirar por la ventana.

Por otro lado, Eden se cruzó de brazos con su característico rostro tranquilo y dubitativo.

—No sé si tiene que morir, pero de todas formas va a sangrar.

Bajé la mirada y me miré las yemas de los dedos. No había otra interpretación posible. Aunque a Raniero se le llamaba ahijado de Actila, en realidad se le consideraba igual a Actila. A diferencia del dios Tunia, él era la única forma de comunicarse con el dios Actila, quien no tenía templos ni escrituras.

La voz seca de Eden me atravesó la cabeza.

—¿No te gusta?

Mentiría si dijera que no había algo que me molestara. Aunque no fuera inteligente y me dejara llevar por las emociones, no era estúpida.

No estaba tratando de ser idiota.

Mi voz se puso un poco ronca. Estas preguntas fueron insensibles e injustas.

—Mi vida es lo más importante y no voy a dejar que eso afecte mi juicio.

Eden me miró muy profundamente a los ojos.

Pensando que yo tampoco podía perder, no lo evité y lo afronté. Su mirada era insondable. Y no me refería a profunda... sino a un abismo, carente de emoción. Aunque me estaba leyendo, no podía entender qué pensaba.

Fue bastante desafortunado que los demás me descubrieran tan fácilmente…

—Lo amas, ¿no?

Aún así, la pregunta estaba dentro del rango esperado.

Me reí.

¿Es tan fácil para ti entenderlo?

Con el ceño aún ligeramente arrugado, tenía una actitud ligeramente corrosiva.

—Si para ti es tan fácil verlo, ¿cuánto le resultará a él? ¿Qué tan fácil le resultará leer sospechas en mi cara de conspiradora?

Conscientemente suavicé un poco mi tono.

—La única manera de evitar sospechas es ser sincera. Debo considerar a Actilus mi hogar y amarlo con todo mi corazón. Pero no te preocupes, sé que mi vida es más importante que eso.

Ante mis palabras, Eden se quedó allí en silencio, agachando la cabeza, mientras Cisen nos observaba a ambos, ante la creciente tensión en el ambiente. Finalmente, la fría tensión se rompió con un largo suspiro que solté involuntariamente.

—Veré si tu amor es por necesidad o una excusa para ti misma.

Las palabras de Eden siempre eran duras. Pero esta vez, tuve un mal presentimiento. ¿Por qué hablaba como si lo supiera todo?

Me humedecí los labios con el té frío.

—Una vez fuiste… un niño de una buena familia, ¿no? —pregunté casi con seguridad.

Por alguna razón, esa era la atmósfera que emanaba de él. Quizás fuera un poco diferente de la aristocracia de este mundo, pero su forma de hablar y su comportamiento eran tan dignos como los de los jóvenes cultos.

—Al menos no tuviste una vida muy dura, ¿verdad?

—¿Por qué preguntas eso?

Al ver que no lo negaba, me levanté y caminé hacia él.

—Lo pasé muy mal. Para ti, “ese otro lado” es el paraíso comparado con aquí, así que puede que tengas mucha fuerza de voluntad, pero yo no soy así... por eso a veces flaqueo.

La expresión de Eden era como si lo hubieran pillado desprevenido. Era la primera vez que le veía una mirada tan inquieta.

Coseché la espina que había puesto en mis palabras.

—Así que, si me siento conmocionada, no pienses que soy patética y que no lo entiendo. Por favor, ten eso en cuenta.

—Su Majestad la emperatriz…

—Estarás en un camino de flores en el momento que regreses, pero yo no.

Eden, que estaba a punto de responder, se quedó en silencio ante mis últimas palabras.

Suspiré.

—En fin, la idea de ir al Templo de Tunia cuando salga en su expedición invernal, la necesidad de su sangre... todo tiene sentido. Puede que no esté convencida de que sea la respuesta correcta, pero por ahora, no tenemos más remedio que tomar ese camino.

Me apoyé en la barandilla de la terraza y miré la puesta de sol.

Según la historia original, Raniero partiría de expedición en aproximadamente un mes y medio. Tenía una vaga idea de adónde iba. Dada la época, el entorno, las relaciones y la ruta descrita en la historia original, era muy probable que procediera del Reino de Sombinia.

Mientras extendía el mapa y señalaba el camino con las yemas de los dedos, Sylvia, que estaba sola conmigo en el Palacio de la Emperatriz, se sentó a mi lado.

—¿Qué estáis mirando?

Se había vuelto un poco más atrevida y siempre que las otras sirvientas no estaban presentes, se dirigía a mí de esa manera amistosa.

Le respondí brevemente.

—Una ruta. El camino... va hacia Sombinia. Tardaremos unas tres semanas en llegar, si hace buen tiempo.

Diciendo eso, se quedó mirando fijamente el lugar donde apuntaban mis dedos y abrió la boca nuevamente.

—¿Por qué estáis mirando esto?

—No es nada.

—¿Estáis segura?

Supongo que simplemente no estaba destinada a ser una buena mentirosa. En cuanto escuché las palabras de Sylvia, mis pestañas se agitaron.

—Entonces, ¿qué piensas?

Sylvia no pudo responder.

Fue porque se oyeron pasos.

Cuando ella cerró la boca de inmediato y se levantó, Raniero, que había venido a verme hoy, se detuvo en la puerta. Luego, ladeó la cabeza y miró la silla que Sylvia no había guardado.

—Vosotras dos sis amigables.

Era un tono muy simple, como si dijera la verdad secamente.

Cuando Sylvia hizo una profunda reverencia y luego se retiró, Raniero se sentó en el asiento que ella dejó libre y miró el mapa que yo había preparado.

—¿De qué estabas hablando?

—No hablamos mucho, sólo estaba mirando el mapa.

—¿Por qué el mapa?

—Sólo quiero comprobar la situación.

El cabello de Raniero proyectaba una sombra sobre el mapa. Era una actitud que yo debía explicar.

Susurré con voz ligeramente temblorosa.

—El invierno no es una buena época para los conflictos armados.

—Así es.

—Este lado de Sombinia, al pie de la montaña, es la única conexión real con Actilus, por lo que suele estar fuertemente custodiado. Saben que, si Actilus logra establecerse aquí, los soldados caerán en manos de Sombinia.

Raniero asintió.

—Pero en invierno, se hace difícil apostar muchos soldados aquí, lejos de la capital. El sentido común dicta que no hay guerra en esta época del año, así que su vigilancia será más laxa de lo habitual.

—Lo sabes bien.

—Si aprovechamos esta oportunidad para atravesar este muro… y excavar la montaña para crear un camino más ancho, Actilus podrá atravesar Sombinia uno a uno, empezando por sus bordes.

Como si no hubiera ningún error en mi interpretación, Raniero apoyó tranquilamente la barbilla en el dorso de su mano y golpeó el mapa.

—Los habitantes de Actilus son fuertes por naturaleza y pueden soportar entornos hostiles. En todo caso, en invierno, si avanzamos con las características de nuestros soldados, hay una alta probabilidad de una gran victoria.

Una leve sonrisa se extendió por sus labios.

—Sí. Llevo años esperando... Si este invierno se parece en algo a los de los últimos diez años, entonces esta tierra sigue perteneciendo a Actilus.

Parecía que la expedición invernal no había sido planeada de la nada, ya que había estado documentando el cambio climático durante una década y había elegido este momento durante diez años.

Me mordí el labio con fuerza.

«Aunque este año el tiempo no es el mismo que en años anteriores y va a nevar como loco».

Raniero miró el mapa.

Mientras la luz de las velas se reflejaba en sus ojos y éstos brillaban, pronto apartó la mirada del mapa y me miró.

—Nunca te enseñé algo así. ¿Cómo si no sabías que nos preparábamos para una batalla contra Sombinia?

—Porque quería saber.

—¿Es eso así?

—Sí… Quería saber qué pensaba Su Majestad.

—Entonces, después de pensarlo, ¿lo descubriste?

—Algo así.

A mi palabra, Raniero tomó mi mano y la colocó sobre el mapa.

—Primero por aquí, así. Luego, por aquí.

Sin saber qué pensaba, sin darse cuenta me reveló toda la ruta que había planeado. Fue casi ingenuo. Concentré la mirada, asimilando toda la información que me daba.

Cisen luego entregaría esta ruta al Eden, donde sería fijada a la pared de su habitación.

—¿Cuándo te vas? —pregunté. Aunque me temblaba la voz, esperaba que sonara como si tuviera miedo de estar solo.

—Principios de diciembre.

—Aún falta algo de tiempo, pero seguro que pronto estarás ocupado.

—¿No te gusta?

Me reí sin control. Si se iba de expedición, significaba que la historia original estaba comenzando.

—Así es.

Raniero no dijo nada durante un rato.

—¿No debería ir?

—No.

De todas formas, algún día conocería a Seraphina y se aferraría a ella. Si eso sucedía al final, prefería que fuera de una forma predecible. No tenía intención de tomar una decisión tonta solo para retrasar un poco más la dulzura de este momento.

Lo miré y sonreí.

—Ve rápido.

—Te iba a llevar conmigo.

Negué con la cabeza.

—No creo que sea buena idea…

—Sí.

Raniero se convenció fácilmente. Era como si recordara lo ocurrido durante la subyugación. Al verlo así, acaricié la mejilla del amable tirano sin decir nada.

Lo único que le quedaba era dejarse llevar por el destino.

 

Athena: Pues… me da pena. La situación. Si de verdad Raniero cayera por Seraphina sería romper con el cliché típico de que la historia ha cambiado por la protagonista, pero me daría muchísima pena por Angélica. Y si no cae por la santa me va a dar pena él cuando se de cuenta de que Angie se fue. Aunque todo puede salir fatal y que se descubra el plan de Angie jajajaj.

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