Capítulo 69
Isabelle frunció el ceño al leer la carta que le habían enviado.
—¿Qué? ¿Solo dos personas?
No era una broma; le estaban diciendo que eligiera entre solo dos personas.
Se pasó los dedos por su cabello rubio y arrugó el papel bruscamente. Luego, su mirada se posó en los retratos adjuntos.
—Parece que te gusta lo que ves.
—¡Ah! ¡Me asustaste!
El corazón de Isabelle latía con fuerza. Se quedó paralizada ante la repentina aparición del hombre. Al girar la cabeza, vio a un hombre con el pelo largo y negro que se acercaba.
El hombre de ojos amarillos se dejó caer en una silla y hojeó los papeles.
—¿Qué… qué es esto?
—No sé si estás fingiendo no saber o si realmente no me reconoces.
Zeno miró a Isabelle con expresión cortante, cruzando las piernas. Solo entonces Isabelle se dio cuenta de quién era aquel hombre.
—No sabía que las bestias divinas pudieran adoptar forma humana. Además, supongo que has decidido dejar de esconderte.
—Ya no hay necesidad de esconderse, pues vamos al palacio imperial.
—¿Qué opinas?
Isabelle le entregó a Zeno los documentos que contenían información sobre los dos hombres.
—Ya que eres una bestia divina, ¿no puedes discernir si las personas son buenas o malas?
—Si pudiera hacer eso, ¿estaría en esta situación? Ambos se ven bastante bien.
Zeno miró a los dos hombres con expresiones amables y pensó.
«Ambos parecen lo suficientemente amables como para tolerar su personalidad. Me pregunto si podrán sobrellevarlo».
Sintiendo cómo sus ojos amarillos la miraban con reproche, Isabelle le arrebató los papeles.
—¿Qué te pasa? Te has vuelto desagradable después de pasar tiempo con mi hermana.
—Cuida tu lenguaje. Tienes una cara muy bonita, pero no entiendo por qué usas ese vocabulario.
Zeno negó con la cabeza y se levantó de su asiento.
—Elige rápido. Si vamos al palacio imperial, tenemos que darnos prisa.
—Supongo que no te importa ir con mi padre, ¿verdad? Aunque te esté utilizando.
—Oye. Yo soy el que te está utilizando.
Zeno e Isabelle se miraron con gestos de desagrado.
—Ve con Benjamin o como se llame.
—¿Por qué debería hacerlo?
—Él es más guapo, ¿verdad?
Isabelle ladeó la cabeza mientras comparaba a los dos hombres. Físicamente, Elliot era mejor.
«Acabará siendo la marioneta de mi padre».
Incluso sin la sugerencia de Zeno, ella ya tenía planeado elegir a Benjamin.
Dado que su papel era simplemente el de cómplice en un escándalo para ganar tiempo, no importaba quién fuera, pero si se extendía la noticia de que ella se había fugado con un caballero imperial, no se quedaría solo en una táctica para ganar tiempo.
—Partiremos hacia la capital mañana.
—…Bueno, es bueno que hayas decidido rápido.
Zeno echó un vistazo a los documentos que Isabelle tenía en la mano.
«Buena idea. Ya no codiciaré lo que pertenece a la maestra. Aunque depende de cómo maneje las cosas ese hombre».
Se acercó a la ventana y la abrió.
Cuando extendió la mano, un pájaro voló y se posó sobre ella.
—Díselo a la maestra. Ella eligió a Benjamin, y nos vamos mañana.
—¡Pío, pío! (¡Entendido!)
El pájaro extendió sus alas desde la mano de Zeno y voló directamente hacia el cielo.
—Supongo que ser una bestia divina implica ser amigable con los animales. ¿Será por eso que había tantos animales en la residencia del Gran Duque?
Isabelle habló mientras recordaba los animales que había vislumbrado brevemente. Zeno se encogió de hombros y se giró para mirarla.
—Algo así. ¿La princesa parece más interesada en los demás de lo que esperaba? Creía que solo te importabas tú misma.
—Así es, solo me importo a mí misma. ¿Y qué? ¿Cómo puedo cambiar algo tan grande?
—Bueno, es mejor que negarlo, pero eres exactamente igual que el emperador en lo que a desagradable se refiere.
—Si sigues hablando así, no voy a cooperar. ¿Crees que no sé que me estás siguiendo al palacio imperial por culpa de Claire?
Isabelle se recostó en su silla, sonriendo con los ojos entrecerrados.
—Si quieres proteger algo, deberías intentar ganarte mi simpatía. Así es como Claire se mantiene a salvo. Te metiste en problemas por esconderla, ¿verdad?
Si el problema radicaba en esconderla, la solución era sencilla.
Que nadie se enterara de que Claire era la contratista que podía poseer por completo a las bestias divinas, algo que el emperador no podía hacer.
Al menos hasta que se completaran todos los contratos con las bestias divinas, la habilidad de Claire no debe ser descubierta.
—Entonces, haré lo que desees.
Zeno se acercó a Isabelle y le tomó la mano. Luego, con una profunda sonrisa, le besó el dorso de la mano.
—Trabajemos bien juntos como aliados. Engañar a los ojos del emperador será una tarea bastante difícil.
—…Lo que tú digas.
A Isabelle no le molestaba que Zeno fuera amable con ella.
Aunque la palabra «aliado» le resultaba extraña, para ella, que nunca antes había tenido un amigo, la presencia de Zeno se sentía diferente.
Cuando Claire y Cedric se enteraron de que Isabelle había elegido a Benjamin, actuaron de inmediato.
—¿No se llevará una sorpresa?
—Esposa, el señor Benjamín aceptará.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
En momentos como este, Cedric no revelaba qué era lo que le intrigaba. Simplemente sonreía con una expresión profunda.
Tras viajar en carruaje hasta la capital, llamaron a Sir Benjamín a su alojamiento para que lo conociera.
—Vendrá cuando yo lo llame.
—En realidad, Su Alteza siempre quiso que fuera Benjamin, ¿no es así?
—Aunque no esperaba que la princesa lo eligiera, es una suerte. Después de todo, el caballero imperial y yo no nos llevamos muy bien.
En realidad, yo tampoco esperaba que Isabelle eligiera a Benjamin.
Por lo poco que había oído sobre el tipo ideal de Isabelle cuando era joven, Elliot se acercaba más a ese ideal.
—Ya que viene hoy a la capital, ¿no deberíamos primero coordinar nuestras historias con la de Sir Benjamin?
—No hace falta. Lo hablaremos todo juntos cuando llegue la princesa. Podemos crear la historia cuando ambas estén aquí.
Yo tampoco me lo esperaba.
Aunque solía actuar con rapidez conociendo la historia original, me preguntaba hasta qué punto él estaba pensando en el futuro.
Toc, toc, toc.
Junto con el golpe en la puerta, el sirviente anunció que había llegado una visita.
Cuando se abrió la puerta, Sir Benjamin entró en la sala de recepción.
—Gracias por llamarme. Soy Benjamin Alec.
—Gracias por venir tan pronto. Confío en que no se lo haya contado a nadie más.
Benjamin asintió. Cabello castaño y ojos verdes. Ojos amables que describían un arco, mandíbula bien definida y labios que parecían esbozar una sonrisa.
Al verlo en persona, era mucho más guapo que en el retrato.
Pero su apariencia era la de un... protagonista masculino secundario. Fíjate en su cabello castaño y el color de sus ojos.
La presencia de Benjamín era tan evidente que se podía gritar "¡Ese es un personaje secundario!" incluso desde lejos. Y era cierto que un hombre de cabello castaño y ojos verdes era amable.
¿Por qué no aparecía en la obra original? ¿Era algo así como no darle ninguna narrativa a los personajes secundarios? Pobrecito, te has topado con un autor tan severo.
Sus atractivas facciones, sus anchos hombros, su cabello peinado con esmero y su leve sonrisa combinaban a la perfección.
—Como no tenemos tiempo, iré directa al grano. ¿Le parecería bien tener un escándalo con la princesa Isabelle?
—Eso estaría bien. ¿Su Alteza la princesa ha dado su consentimiento?
—Sí, lo ha hecho. Necesitamos engañar al emperador, así que coordinaremos nuestras historias cuando llegue la Princesa; téngalo en cuenta.
—Entendido.
—¿Eso es todo?
Le pregunté al señor Benjamin. Había muchas cosas que preguntar, como las condiciones deseadas o por qué era necesario hacerlo.
—Esposa, ¿hay algún problema?
—Me preguntaba si tenía alguna pregunta. Esto también podría ser peligroso para Sir Benjamin.
—Gran Duquesa. Ya he recibido lo que quería, así que no tenéis que preocuparos por eso.
Benjamin mantuvo su sonrisa. ¿Había conseguido ya lo que quería de Cedric?
—Entonces está bien.
Parece que tendré que pedirle explicaciones a Cedric más tarde. Lo miré con delicadeza.
—Lo explicaré por separado más adelante.
Cedric se inclinó y me susurró al oído.
—Estamos casados, acordamos no guardar secretos… Me siento herida.
Sus ojos azules se abrieron de par en par y luego se entrecerraron rápidamente.
—Entiendo.
Las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba.
—Solo les diré una cosa: Sir Benjamin lleva un tiempo interesado en la princesa.
—¿Interesado? —susurré, tapándome la boca con la mano. Ahora que había dicho eso, tenía aún más curiosidad.
A menos que existiera alguna historia entre Isabelle y Benjamin, no había ninguna conexión entre ellos. Así que lo miré con ojos brillantes.
—Disculpen la interrupción.
Tanto Cedric como yo giramos la cabeza al oír esa voz suave.
—Si me lo pregunta directamente, puedo responderle, Gran Duquesa.
—Debería disculparme. A mi esposa le gusta susurrarme cosas al oído.
—¿Sí?
Le pregunté a Cedric en voz baja. Él me tocó los dedos suavemente por debajo de la mesa.
Sus gruesos dedos se deslizaron entre los míos, encajando a la perfección como engranajes entrelazados.
Si no hubiera estado de acuerdo con sus palabras, habría sido como contradecir abiertamente lo que acababa de decir delante de alguien, así que no tuve otra opción.
—La voz susurrante de Su Alteza es bastante sexy.
Al final, tuve que convertirme en una persona un tanto extraña.
Tras un golpe en la puerta, esta se abrió y alguien entró.
El cabello rubio se mecía con la brisa, visible a través de la abertura.
—Hermana, estoy aquí.
Al igual que el día en que irrumpió en la residencia del Gran Duque, Isabelle pronunció las mismas palabras con una sonrisa radiante.
Athena: A ver, qué queréis que os diga. A mí me gustaría que Isabelle y Zeno se enamoraran jajajajajaj. Es que los veo con una dinámica graciosa. No sé si se puede por eso de ser bestia divina, pero tener cuerpo humano también debe servir para algo.