Capítulo 134

Al mismo tiempo que la voz del extraño perforaba sus oídos, un hilo púrpura se envolvió alrededor de la lanza del duque, deteniendo su descenso.

—¡Keugh!

Una espada dorada lo siguió, desviando la lanza sin piedad. El duque sintió un dolor agudo, como si le hubieran reventado la palma, y rápidamente descartó la lanza y retrocedió.

—¿Tercer príncipe? —Rebecca, al ver la molesta y familiar figura frente a ella, murmuró inconscientemente.

Ante su llamado, Kayden la miró brevemente, pero mantuvo la guardia alta ante el duque.

El hilo púrpura se desvaneció en el aire, desapareciendo con solo un tenue brillo. Los ojos del duque se abrieron de par en par, incrédulos, al captar la silueta más allá del hilo que se desvanecía.

—Tú…

—Cuidado con lo que dices, duque. No puedes dirigirte a cualquiera con tanta naturalidad.

—¡Tú…!

Kayden gruñó, pero el duque pareció no oírlo. Su mirada estaba fija únicamente en el rostro sereno de Diana. La confusión, la sorpresa y la emoción se arremolinaban caóticamente en sus ojos azul claro.

A pesar de todo, Diana mantuvo la compostura. Reuniendo todas sus fuerzas, habló con serenidad. Sus ojos violetas, ahora más oscuros que de costumbre, estaban completamente desprovistos de emoción.

—Xavier Findlay. Por cargos de traición, incluyendo el intento de asesinato del emperador y la realización de experimentos con monstruos mutantes, lo arresto.

Quizás fue gracias a la irónica aparición de Rebecca. El día que Diana y Kayden se infiltraron en la finca Findlay, lograron escabullirse sin mayores problemas, ocultándose en medio del caos que Rebecca había causado. Al regresar a la capital, no perdieron tiempo en divulgar los secretos del duque, e incluso movilizaron a Wings.

La opinión pública se revolucionó al instante. Los monstruos eran considerados enemigos de los espíritus y responsables de la devastación de innumerables ciudadanos. La revelación de que el duque Findlay había estado experimentando deliberadamente con esas criaturas, volviéndolas aún más grotescas y liberándolas para estudiar su comportamiento, conmocionó a todos.

—Eso es increíble…

—Tilia, por favor ten piedad…

Pero no terminó ahí. El duque Findlay también había creado veneno usando monstruos mutantes. Había intentado matar al primer príncipe con ese veneno y ahora intentaba asesinar al emperador e incriminar al tercer príncipe. Estos eran crímenes por los cuales la ejecución inmediata no sería injusta.

La facción del tercer príncipe, liderada por el duque Wibur, desató su frustración acumulada por la desaparición de Kayden e irrumpió en la mansión de Findlay con antorchas y armas. Pero el duque Findlay no estaba allí.

—¿Q-Qué? ¡¿Sabes quién soy?! ¡Suelta estas sucias manos ahora mismo!

Solo encontraron a Joseph, demasiado borracho para comprender lo que estaba sucediendo. Tras arrestarlo y encarcelarlo, Kayden y Diana se quedaron reflexionando.

—La primera princesa parecía no estar al tanto de los experimentos del duque.

—Entonces la primera princesa… podría estar en peligro. Debieron de haberla pillado infiltrándose en su mansión.

El veneno usado para envenenar tanto a Elliot como al emperador era el mismo que Rebecca había consumido en la línea temporal anterior. Así que, naturalmente, Diana asumió que Rebecca lo había creado ella misma, pues era la única que conocía sus propiedades. Creía que Rebecca lo había preparado en secreto, lo había consumido ella misma y lo había usado como pretexto para ejecutarse. Diana siempre había creído que esto era cierto.

Tras su regreso al pasado, su deseo de ayudar a Kayden había sido su principal motivación, pero en el fondo, también albergaba el deseo de vengarse de Rebecca por haberla abandonado tan cruelmente. Tras permanecer al lado de Kayden, había confirmado en repetidas ocasiones que Rebecca no era alguien digno de lealtad.

Pero ahora, la posibilidad de que Rebecca también hubiera sido engañada por el duque Findlay... La posibilidad de que no hubiera tomado el veneno voluntariamente... Esta revelación dejó a Diana profundamente en conflicto. Sin embargo, detener al duque era prioritario.

Diana reunió rápidamente su maná y envió a Hillasa al palacio imperial. En poco tiempo, localizaron al duque Findlay y les hizo una señal. Tal como se esperaba, el duque se dirigía al Palacio de la Llama Blanca. Así pues, Kayden y Diana acudieron rápidamente. Su objetivo era arrestar al duque Findlay y salvar a Rebecca, quien también era una pecadora, para que pagara por sus crímenes.

—Me preguntaba dónde estaba, duque, ya que no estaba en du finca. Así que está aquí.

—¿Entonces eras el elementalista de atributo oscuro?

—Los nobles bajo su mando, incluido Joseph Findlay, ya han sido arrestados.

—Qué lástima. Si lo hubiera sabido antes...

—No habría cambiado nada. —Diana interrumpió las divagaciones del duque Findlay con su voz fría. No hacían falta más palabras.

Kayden bajó la postura, preparándose para acercarse al duque Findlay, mientras Diana sacaba el dispositivo de contención que le había dado la cuarta concubina. Al verlo, el duque Findlay se encogió de hombros y rio. Pero la risa silenciosa era inquietante, casi demente. Entonces, sin previo aviso, dejó de reír y habló con rostro impasible.

—Mientras no puedas abandonar esa debilidad, nunca me atraparás.

En cuanto el duque Findlay terminó de hablar, el suelo bajo Rebecca se derrumbó. Al mismo tiempo, saltó a través del muro roto y escapó al exterior.

El cuerpo de Rebecca se desplomó. Bajo ella, rugían llamas blancas. Instintivamente, Diana extendió la mano y agarró el brazo de Rebecca mientras caía.

—¡Uf...! ¡Kayden, el duque! —Con gran esfuerzo, Diana se aferró al brazo de Rebecca y gritó.

Kayden estaba a punto de perseguirlos cuando un débil grito los alcanzó desde el otro lado de la puerta abierta de par en par.

—¿Hay alguien ahí?

La voz sonaba extrañamente familiar.

Rebecca, que había estado aturdida todo este tiempo, hizo una mueca sin darse cuenta y murmuró en voz baja:

—Lubi…

«Maldita sea. Tan inútil como siempre».

Ludwig era una persona común y corriente que no dominaba la magia. Además, aún había muchos sirvientes en el Palacio de la Llama Blanca. Al final, Kayden maldijo en voz baja, se giró y atacó entre las llamas.

Al amanecer, el duque Wibur y los nobles bajo el mando de Kayden expusieron públicamente los crímenes del duque Findlay. Una vez más, Valhanas se alborotó.

—¡Traidor!

—¡Asesino! ¡Es un asesino!

La cantidad de personas que habían perdido a sus seres queridos a manos de los monstruos mutantes era incontable. Todos se unieron en un esfuerzo singular por capturar al duque Findlay, que huía, y pronto llegó la noticia de que había regresado a su propiedad y cerrado las puertas.

Mientras Kayden y los nobles urdían un plan para aprehender al duque Findlay, Rebecca fue confinada en otra habitación de la torre donde se encontraba Carlotta. Originalmente, Rebecca, antaño señora del duque Findlay, debería haber sido enviada a la prisión subterránea. Sin embargo, debido a los testimonios de Kayden y Diana, quienes creían que tal vez no le había ordenado al duque asesinar al emperador ni realizar experimentos, fue confinada allí.

—Jaja…

Rebecca sufría de fiebre alta desde que la encarcelaron. Nunca había estado tan enferma en su vida.

—Maldita sea…

En medio de todo, las ocasionales voces zumbantes en sus oídos y las visiones borrosas más allá de su vista borrosa solo aumentaban su confusión.

«De nuevo…»

Era otro sueño, similar a los que había tenido últimamente. Rebecca observaba con la mirada perdida la escena que se desarrollaba en su mente. En ese sueño, «Rebecca» tenía el pelo un poco más largo que ahora. Su melena blanca se mecía al rozarle los hombros.

La «Rebecca» del sueño hizo una mueca y se incorporó con dificultad en la cama. El duque Findlay, de pie junto a la cama, le ofreció tranquilamente un vaso de agua.

—Estáis despierta, Su Majestad.

Rebecca miró al duque Findlay con los ojos entrecerrados un momento antes de tomar la taza. Tras humedecerse la garganta con el agua que él le ofreció, murmuró en voz baja.

—¿Era veneno?

—Sí. Eso es lo que cree el médico.

—¿Quién se atrevería a…?

Rebecca apretó los dientes, con el rostro lleno de rabia, como si estuviera a punto de destrozar a quien la había envenenado. Pero las siguientes palabras del duque Findlay borraron la ira de su rostro.

—Encontramos el mismo veneno en la habitación de Diana Sudsfield durante nuestra investigación. Así que ya hemos encarcelado a Lady Sudsfield.

—¿Qué?

Lo que reemplazó su ira fue la conmoción y la traición.

 

Athena: ¿Qué? Vaaaaamos, no me jodas. Jajajajaj.

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