Capítulo 118
Tras un descanso incómodo que compartió con Vincent, Paula preparó la cena de Ethan y se la llevó a su habitación al anochecer. Sin embargo, Ethan rechazó la comida, alegando que no tenía apetito a pesar de que ella le insistió en que probara al menos un bocado.
Por su reacción, Paula sospechó que su conversación anterior con Vincent no había ido bien. Aunque Ethan intentó mostrarse impasible, la expresión sombría de su rostro permaneció grabada en su mente.
Incapaz de superar su preocupación, Paula salió de su habitación a altas horas de la noche.
Despertó al cocinero dormido y lo convenció de que preparara una sopa ligera. A pesar de su reticencia y sus quejas, finalmente cedió, y Paula le dio las gracias repetidamente antes de dirigirse a la habitación de Ethan con la bandeja de plata. Decidida a que comiera, se apresuró por el pasillo, pero se detuvo al percibir un movimiento a lo lejos. Conteniendo la respiración, observó cómo se acercaba la figura sombría.
Sus ojos se abrieron de sorpresa cuando la figura apareció ante su vista.
—¿Ethan? —preguntó ella en voz baja.
—¿Paula? —La voz sorprendida de Ethan coincidía con la de ella.
Vestido de manera informal, se acercó desde la dirección opuesta, sosteniendo una botella. Sus ojos muy abiertos sugerían que no esperaba verla deambulando por los pasillos a esas horas.
—¿A dónde vas? —preguntó Paula, dirigiendo su mirada a la botella que él sostenía en la mano. Parecía una botella de vino. Mientras tanto, la atención de Ethan se centró en el cuenco tapado que ella llevaba en la bandeja.
—¿Y tú, Paula? ¿Adónde vas a estas horas? No es para cenar… ¿verdad? —replicó Ethan con un tono ligeramente burlón.
—Iba de camino hacia ti —respondió ella, subiendo y bajando la bandeja para enfatizar. Los ojos marrones de Ethan siguieron el movimiento antes de dedicarle una sonrisa incómoda.
—¿Eso es para mí? —preguntó Ethan, mirando la bandeja.
—Sí. Te saltaste la cena —respondió Paula con firmeza.
—Ya almorcé… —murmuró Ethan débilmente en señal de protesta, pero Paula no se inmutó. Conocía su costumbre de saltarse comidas y estaba decidida a no dejar pasar esta vez.
—¿Ibas a tomar algo? —preguntó ella, señalando con la cabeza la botella que él sostenía.
Ethan escondió tímidamente la botella a su espalda. No era necesario; Paula ya sabía lo que tramaba. Quizás le daba vergüenza haberse escapado a medianoche para tomar una copa. Al notar que salía de su habitación, Paula aventuró una suposición.
—¿Ibas a ver a Lady Joely?
—Eres muy lista —admitió Ethan con una sonrisa.
No era una suposición descabellada. Entre los residentes de la mansión, solo Joely tendría sentido como compañero de copas. No invitaría al joven Robert ni a la niñera a una ocasión así.
—Llévate esto —sugirió Paula, ofreciéndole la sopa—. Es ligera y te ayudará a calmar el estómago.
Ethan miró la sopa, pero dudó.
—¿De verdad viniste solo porque me salté la cena?
—Sí —confirmó Paula.
Como si quisiera poner a prueba su sinceridad, Ethan levantó la vista y preguntó:
—¿Estabas preocupada por mí?
—Sí.
La expresión de Ethan se suavizó.
—Cuando eres tan sincera, casi conmueve.
—Entonces termínalo todo —respondió ella con brusquedad.
En lugar de tomar la sopa, Ethan agitó ligeramente la botella que tenía en la mano.
—¿Vienes conmigo?
—Yo no bebo —dijo Paula con firmeza.
No le gustaba el alcohol, pues había crecido presenciando los arrebatos de ira de su padre cuando estaba borracho. Tan solo pensarlo la inquietaba.
—Entonces hazme compañía. Al menos, mírame comer la sopa —insistió Ethan, dándose la vuelta y caminando delante. Tomada por sorpresa, Paula se encontró siguiéndolo automáticamente.
—No estoy segura de que me reciban bien… —dijo con vacilación.
—Todo saldrá bien. Joely no es así —le aseguró Ethan.
Los dos llegaron al salón en lugar de a la habitación de Joely, sorprendiendo a Paula. Ethan llamó a la puerta y la alegre voz de Joely los invitó a pasar. Pero cuando Ethan abrió la puerta y entró, se quedó paralizado. Paula, que caminaba justo detrás de él, chocó con su espalda y miró a su alrededor con curiosidad. Lo que vio la dejó helada.
—¡Ethan, pasa! —Joely le hizo un gesto cordial, con un tono tan amable como siempre. Era evidente que habían quedado. Pero lo que sorprendió a Paula fue ver a Vincent, sentado cómodamente en el sofá junto a Joely.
«¿Qué hace él aquí?», se preguntó Paula. Recordaba perfectamente que había salido de la mansión horas antes. A juzgar por su atuendo informal, debía de haber regresado a altas horas de la noche.
La postura rígida de Ethan sugería que Vincent era un invitado no deseado. Sin embargo, no fue la presencia de Vincent lo que más sorprendió a Paula. Sentada frente a Joely estaba Alicia.
Los ojos de Paula se abrieron de par en par. Había dado por hecho que Alicia seguía dormida en su habitación. Vestida con un pijama y un abrigo ligero encima, Alicia lucía radiante. Su piel de porcelana resplandecía bajo la luz tenue, y su sonrisa serena contrastaba fuertemente con la mirada penetrante que le dirigió a Paula al percatarse de su presencia.
—¿Vincent también está aquí? —preguntó Ethan, disimulando su disgusto con un tono neutro.
—Por casualidad —respondió Joely con una leve risa—. Pensé que sería agradable que se uniera a nosotros. No te importa, ¿verdad?
—Para nada —respondió Ethan, aunque su tono sugería lo contrario. Entró en la habitación, y Paula lo siguió un instante después, sintiendo la intensa mirada de Alicia sobre ella.
—¡Oh, vaya! ¿Anne también está aquí? ¿Estabais juntos? —preguntó Joely con curiosidad, alternando la mirada entre ellos.
Ethan respondió con naturalidad mientras se acomodaba en el sofá a la derecha de Joely:
—Nos encontramos por casualidad. Me trajo sopa porque no cené.
—Qué detalle tan considerado —exclamó Joely, con una sonrisa sincera.
Paula le entregó la sopa a Ethan antes de retroceder tras él. Ethan dejó el tazón sobre la mesa y la miró de reojo.
—¿Por qué estás de pie? Siéntate —dijo.
—No, estoy bien aquí —respondió Paula rápidamente. No podía imaginarse uniéndose al grupo con tanta naturalidad.
—¿Por qué no? No te quedes ahí parada —animó Joely—. Siéntate. Oh, tal vez al lado de Alicia, ese es un buen sitio.
Joely señaló el sofá junto a Alicia, quien permanecía sentada con aplomo, pero se tensó ligeramente ante la sugerencia. Paula dudó, pero la insistencia de Joely no le dejó otra opción. A regañadientes, se sentó en el borde del sofá junto a Alicia, notando un destello de hostilidad en su mirada.
—Hermana, ¿cuándo saliste de tu habitación? —preguntó Alicia con frialdad, con un tono cargado de desaprobación.
—Hace un rato… pensé que estabas dormida. ¿Cuándo saliste de tu habitación? —preguntó Paula con cautela.
Alicia soltó una risita y le dio un golpecito juguetón en el brazo a Paula.
—¿Ah, sí? Quizás deberías prestarle más atención a tu hermanita.
Paula se puso rígida. Podía percibir el tono cortante que se escondía tras la aparente jovialidad de Alicia.
«Esto es insoportable».
Si hubiera sabido que la situación se volvería tan incómoda, le habría dado la sopa a Ethan y se habría marchado de inmediato. Ahora, lo único que quería era escapar. Temiendo que su incomodidad se reflejara en su rostro, Paula bajó la cabeza.
—¿Hermana? —preguntó Ethan, curioso.
—Sí —respondió Alicia alegremente—. Es mi hermana y también me cuida aquí. Audrey se acuesta temprano últimamente; supongo que la edad le está pasando factura. No quería molestarla, así que la llamé. No hay problema si se une a nosotras, ¿verdad?
Ethan respondió con un simple «Claro», pero Paula sintió su mirada. Bajó la cabeza, consciente de que alternaba la mirada entre ella y Alicia. La idea de que Ethan la comparara con su hermana la inquietaba. Era algo que jamás había querido presenciar.
—No te imaginas que son hermanas, ¿verdad? No se parecen en nada. ¿Puedo decirlo? No lo digo con mala intención —comentó Joely con una sonrisa de disculpa.
—No pasa nada. Lo oigo todo el tiempo —respondió Alicia con indiferencia.
Luego, con una sonrisa radiante, le puso las manos en los hombros a Paula.
—¿Pero no crees que mi hermana es más guapa?
Paula sintió que se le subía el calor a la cara al instante. Era obvio para cualquiera quién era más guapa, pero el comentario de Alicia no era sincero. Era una pulla deliberada, una forma de alardear de su superioridad mientras fingía ser la hermana cariñosa.
La vergüenza recaía únicamente sobre Paula. Sus manos temblorosas se apretaban con fuerza mientras luchaba por mantener la compostura. Forzó una sonrisa, aunque fue frágil y fugaz.
—Mi hermana siempre ha sido muy serena y amable desde pequeña —continuó Alicia—. Nuestra familia la adoraba, a diferencia de mí. Recibía muchísimo cariño de todos.
—¡Ay, Dios mío! ¿También tienes otras hermanas? Parece que todas se llevaban de maravilla —comentó Joely, intrigada.
—¡Claro que sí! No nos parecíamos a ella, pero todas la adorábamos. ¿Verdad, Anne? Éramos muy cercanas a ella —dijo Alicia con una sonrisa inquebrantable.
«Basta».
Las palabras resonaban en la mente de Paula, revolviéndole el estómago. Las indirectas veladas de Alicia eran algo que solo ella reconocería: dolorosos recordatorios del pasado. Alicia sabía perfectamente lo que les había sucedido a sus otras hermanas, lo que hacía que sus palabras fueran aún más hirientes. Paula asintió levemente, incapaz de mirar a nadie a los ojos.
—¿Por qué no están tus otros hermanos aquí contigo? —preguntó Joely con inocencia.
—Todos han tomado caminos separados. Hace tiempo que no los veo. Ahora solo quedamos Anne y yo.
—Eso debe ser difícil —suspiró Joely con compasión.
—En realidad no —respondió Alicia con un tono amargo.
Paula apretó los puños con más fuerza, intentando reprimir la oleada de náuseas que amenazaba con invadirla.
—Nos hemos acostumbrado. Hemos aprendido a apoyarnos mutuamente. Pasamos por muchas dificultades de niños, sobre todo yo. Incluso he hecho trabajos manuales… —Alicia siguió parloteando, pero Paula no pudo prestarle atención. Las palabras se le desdibujaron, convirtiéndose en un zumbido sordo en los oídos.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando algo se agitó repentinamente frente a su rostro. Parpadeó, fijándose en una mano grande que se movía de un lado a otro. Sus ojos la siguieron, encontrándose con la penetrante mirada esmeralda de Vincent.
—¿Estás bien? —preguntó, frunciendo ligeramente el ceño.
Tomada por sorpresa, Paula lo miró fijamente por un instante antes de volver en sí. Levantó la cabeza de golpe, dándose cuenta de que Alicia se había quedado en silencio. Vincent, que se había inclinado ligeramente para encontrarse con su mirada, se enderezó lentamente mientras ella volvía a bajar la vista.
—¿Qué ocurre? ¿Sucede algo? —preguntó Joely con voz preocupada.
—No tiene buen aspecto —respondió Vincent, sin dejar de observar a Paula con atención.
—Estoy bien —dijo Paula apresuradamente, restándole importancia con un gesto de las manos. Forzó una sonrisa, avergonzada de que Vincent hubiera notado su malestar—. No es nada —añadió, rascándose el cuello con incomodidad.
—Hermana, ¿te encuentras mal? Quizás deberías volver a tu habitación y descansar —sugirió Alicia, con un tono cargado de fingida preocupación.
—No… estoy bien —murmuró Paula, rechazando la sugerencia.
Sentía la mirada penetrante de Alicia sobre ella, pero era aún más consciente de la atención de las demás. El peso de su preocupación le hacía querer encogerse.
Al percibir la tensión, Ethan intervino rápidamente para cambiar de tema.
—Joely, te traje algo rico —dijo, dejando la botella de vino sobre la mesa.
El rostro de Joely se iluminó al examinar la etiqueta.
—¡Oh! Es uno de mis favoritos. Gracias, Ethan.
—Pensé que sería perfecto para tomar unas copas —dijo Ethan con una sonrisa.
—Yo me encargo —dijo Alicia rápidamente, levantándose de su asiento antes de que nadie pudiera moverse.
Claramente molesta porque la habían interrumpido, realizó la tarea con una expresión agria. Paula, dejándose llevar por la situación, vaciló un instante antes de recostarse en el sofá.
Athena: Es que es tan zorra esta tipa…