Capítulo 151
Paula observó la escena con una claridad distante, anotando cada detalle. Una voz le gritó a Alicia entre la multitud, dejándola desconcertada e inmóvil, rodeada por quienes la acosaban. Cuando sus miradas se cruzaron, la confusión de Alicia rápidamente dio paso a una expresión cargada de celos.
—¡No, eso no es cierto! —declaró Alicia con firmeza.
Violet, que había estado abrazando alegremente a Paula, se giró al oír el alboroto. Alicia se señaló a sí misma con seguridad, alzando la voz.
—¡Soy Paula! ¡No ella, soy yo! ¡Soy la verdadera!
Los ojos violetas de Violet se posaron en Paula, interrogándola. La respuesta de Paula vaciló y guardó silencio. La mirada de Violet se movió entre la vacilación de Paula y el desafío de Alicia antes de apretarla con más fuerza.
—Oh, qué extraño —comentó Violet con suavidad, con un tono de voz que denotaba certeza—. Sé quién es Paula… Y no sé quién eres tú.
Era un castillo de arena destinado a derrumbarse bajo la marea: una estructura frágil y condenada al fracaso. Lo inevitable había llegado, y a Paula se le encogió el corazón.
Mientras las palabras de Violet resonaban, la multitud volvió a centrar su atención en Alicia, que ahora permanecía con el rostro enrojecido, negando la situación a gritos. La creciente tensión atrajo a más curiosos, y los murmullos se intensificaron.
—¡Miente! ¡Esa mujer miente! —exclamó Alicia, con la voz quebrada por la frustración.
Pero se enfrentaba a una noble, y la realidad de su situación comenzó a tambalearse. El apoyo a su alrededor flaqueó, y la duda se extendió entre la multitud. Consciente de su desventaja, Alicia bajó la cabeza, temblando mientras la soledad la envolvía lentamente.
—No… no es… no es verdad… —Su voz flaqueó, débil por la desesperación.
El peso del juicio pareció caer sobre ella, como si una sombra oscura la hubiera engullido por completo. Por un instante, su imagen se desdibujó entre las de aquellos que Paula había perdido antes: hermanos cuyos rostros la atormentaban.
La mano de Paula se extendió instintivamente, pero el firme agarre de Violet la detuvo.
—No deberías —susurró Violet con una sonrisa a la vez amable y severa. Paula hizo una mueca, dejando al descubierto sus emociones encontradas.
La mirada de Alicia se dirigió hacia Vincent, quien observaba la escena con indiferencia. Ethan, de pie a su lado, parecía evaluar la situación con un interés distante. Alicia extendió una mano temblorosa hacia Vincent.
—Vincent… Por favor, diles que es un malentendido.
Su voz temblaba, aferrándose al último hilo de esperanza. Pero Vincent permaneció impasible. Pronunció una sola frase.
—No sé de qué estás hablando.
Y con eso, el asunto quedó zanjado.
Alicia se quedó paralizada, agotada. Vincent desvió la mirada, enviando una sutil señal a Audrey. Con su habitual serenidad, Audrey asintió e hizo un gesto a los sirvientes cercanos. Estos vacilaron un instante, pero finalmente se acercaron a Alicia y le ataron los brazos.
—¡Soltadme! ¿Qué estáis haciendo?
Alicia se retorcía y gritaba, pero las ataduras la sujetaban con firmeza mientras la arrastraban. Sus gritos resonaban en el aire, pero nadie se atrevió a intervenir.
—Qué gusto verte de nuevo, Paula —dijo Violet con calidez, su voz como un soplo de aire fresco mientras tomaba un sorbo de té. Paula estaba sentada frente a ella, con la cabeza gacha.
Tras la partida de Alicia, Ethan acompañó a Vincent a otro lugar, dejando a Paula y Violet para que siguieran a Audrey al salón. Violet había insistido en ver a Robert de inmediato, pero Audrey le sugirió amablemente que esperaran para no asustarlo. Les sirvieron té y un refrigerio ligero, y ahora solo quedaban Violet y Paula.
A pesar del extraño giro de los acontecimientos, Violet parecía imperturbable, irradiando calma mientras saboreaba su té.
—Gracias por cuidar de Robert —comentó Violet con un tono sincero pero mesurado.
—No es nada —murmuró Paula, con evidente incomodidad en su semblante.
El peso de la culpa la oprimía, y las dudas la atormentaban sobre si realmente merecía saludar a Violet con tanta calidez.
Su último encuentro, cinco años atrás, había sido tenso. Las palabras de despedida de Violet aún resonaban en la memoria de Paula: su declaración de amor a Vincent y su abrupta partida de la finca. Volver a encontrarse ahora parecía un cruel giro del destino.
—Me enteré de que Robert no se encontraba bien —continuó Violet, con la voz más suave—. Quería venir antes, pero las circunstancias me lo impidieron.
—Ya está mejor —respondió Paula rápidamente, evitando su mirada.
—Qué alivio. —Violet se llevó la mano al corazón por un instante; su preocupación era genuina a pesar de su aparente compostura.
Paula fue recibida con gran afecto, y su presencia claramente alegró a Violet, quien no pareció inmutarse por ninguna incomodidad.
—Es un placer ver a Paula, aunque parece que tú no sientes lo mismo —bromeó Violet con una sonrisa.
—¡Eso no es cierto! —respondió Paula de inmediato, agitando las manos en señal de protesta. Violet soltó una risita ante la reacción.
—Entonces, alza un poco la vista —la animó Violeta con dulzura—. Cuanto más bienvenida sea Paula, más te verán a ti.
—…Sí.
Violet actuaba como si el pasado no tuviera importancia, tratando a Paula con una naturalidad que parecía trascender el tiempo. Paula apenas podía enderezar el cuello y mantener la cabeza erguida, resistiendo la tentación de encogerse. Sin embargo, la cálida sonrisa de Violet permanecía inquebrantable, proyectando una luz constante sobre Paula.
—¿Cómo te ha ido? Me enteré de tu repentina partida bastante tarde, y en ese momento había demasiado caos por mi parte como para ponerme en contacto contigo.
—No pasa nada. Al fin y al cabo, no te informé correctamente.
Lo cierto era que ninguna de las dos estaba en condiciones de cuidar de la otra. Violet, al parecer, desconocía los detalles de la partida de Paula; o, si los conocía, prefirió no mencionarlos. En cualquier caso, no valía la pena volver a tocar el tema, y la respuesta de Paula siguió siendo ambigua.
—¿Ha estado bien Lady Violet?
—Por supuesto. He estado bien.
Violet tomó un sorbo de té, ofreciendo una sonrisa alegre. Paula la observó con atención.
Por lo que Paula había oído, la afirmación de que estaba "bien" parecía difícil de creer. Violet debió haber sufrido penurias, desafíos demasiado profundos y numerosos como para comprenderlos fácilmente. Sin embargo, allí estaba, cargando sola con el peso de su pasado y ofreciendo una fachada tranquilizadora, con cuidado de no ser una carga para los demás.
A pesar de la sorpresa inicial, Violet siguió siendo tan amable como Paula la recordaba.
La puerta se abrió enseguida y el sonido de pasos animados resonó por la habitación, deteniéndose bruscamente junto al sofá. Allí estaba Robert, con los ojos muy abiertos, fijo en ellos. Violet se giró hacia él, con el rostro iluminado al ponerse de pie.
—¡Robert, hijo mío!
—¿Madre?
—Sí, ven a los brazos de mamá.
Con una sonrisa aún más amplia que antes, Violet extendió los brazos. El rostro sorprendido de Robert se contrajo en un gesto de sorpresa, y pronto la pequeña figura se arrojó a los brazos de Violet. Ella lo abrazó con fuerza, apoyando su mejilla contra la de él con ferviente afecto.
—¡Mamá! ¡Te extrañé muchísimo!
—Y yo te extrañé muchísimo.
A Violet se le llenaron los ojos de lágrimas, abrumada por la emoción, mientras sollozaba en silencio, susurrando repetidas disculpas. Sorprendentemente, Robert no lloró. En cambio, le dio unas palmaditas suaves en la espalda, consolándola con madurez mientras ella se acurrucaba contra su mejilla, con lágrimas corriendo por su rostro. Detrás de ellos, la niñera se secó discretamente sus propias lágrimas.
Mientras madre e hijo compartían su emotivo reencuentro, Joely llegó tras enterarse de la noticia. Su aspecto algo desaliñado delataba la urgencia de su llegada. Sin dudarlo, se unió con entusiasmo a Violet y Robert en su abrazo. El ambiente se volvió aún más cálido con los tres juntos. Observando la conmovedora escena, Paula se disculpó discretamente, sintiendo que no era necesario demorarse ahora que Violet contaba con el apoyo de su familia y la niñera. Además, Paula tenía otros asuntos que atender.
Al salir del salón, Paula buscó inmediatamente a Audrey. Era crucial averiguar qué le había sucedido a Alicia. Por suerte, Audrey apareció tras un breve paseo por el pasillo. Sin perder tiempo, Paula preguntó por Alicia. Audrey dudó —algo inusual en ella—, dando a entender que le habían indicado que tuviera cuidado al compartir información. Sin embargo, la insistencia de Paula la llevó a revelar, a regañadientes, que Alicia estaba retenida en una habitación vacía.
Parecía que, por un golpe de suerte, el incidente reciente había desviado la atención. La concentración en el segundo asesinato impidió que se impusiera un castigo inmediato. Sin embargo, Audrey explicó que el confinamiento de Alicia era solo temporal y que, una vez resueltos los asuntos urgentes, afrontaría las consecuencias de sus actos.
Al oír esto, a Paula le empezó a doler la cabeza. Presionándose las sienes con los dedos, intentó pensar en una manera de solucionar la situación.
—Paula.
La llamada repentina la sobresaltó. Al girarse, vio a Ethan haciéndole señas desde una puerta entreabierta para que se acercara. Tras asegurarse de que nadie la observaba, Paula se acercó rápidamente y entró en la habitación. Ethan cerró la puerta tras ella y se giró, con una expresión indescifrable.
—¿Cómo has estado? —preguntó Paula de inmediato, preocupada por su bienestar.
A pesar de aparentar serenidad, su último encuentro la había dejado inquieta. Ethan, sin embargo, ignoró la pregunta, cruzó los brazos y la miró fijamente.
—¿Qué está pasando aquí?
Paula comprendió al instante lo que preguntaba. Aunque no estaba segura de los hechos exactos que habían despertado sus sospechas, era evidente que Ethan había notado algo extraño. Debía de haber interrogado a Vincent antes para descubrir las acciones de Alicia. Bajando la cabeza como una niña culpable, Paula se preparó.
—A juzgar por tu expresión, lo sabías desde el principio —dijo Ethan secamente.
—Lo lamento.
—No pedí disculpas.
—Hubo circunstancias… De verdad, lo siento.
—¿Qué circunstancias?
A Paula le costaba responder. Su silencio llevó a Ethan a reformular su pregunta.
—¿Cuándo se enteró Vincent?
Ya se refiriera a la suplantación de identidad de Alicia o a la verdadera identidad de Paula, la pregunta era aplicable a ambas. Era evidente que Vincent no había explicado las cosas con claridad. Quizás había optado por no hacerlo por consideración hacia ella.
—Después de que te fuiste…
—¿Se lo dijiste tú primero?
—…El maestro lo comprendió por sí mismo.
—Así que Vincent lo descubrió él mismo. Eso significa que sabía que alguien más se estaba haciendo pasar por ti y no dijo nada.
No hubo respuesta.
—Paula.
La voz baja de Ethan denotaba decepción. Paula bajó aún más la cabeza.
—Lo siento —murmuró, apenas audible. Un suspiro la siguió.
—Sinceramente, es decepcionante.
Por supuesto que sí. La reacción de Ethan estaba justificada. Paula no había intentado detener a Alicia, aun sabiendo cuáles eran sus posibles motivos. Apretó las manos con fuerza, aceptando en silencio su reproche.