Capítulo 162

Por un instante, Paula pensó que había oído mal. Pero al repasar mentalmente las palabras de Ethan, empezó a comprenderlas. ¿Se refería a entablar una relación cercana, como de familia, de forma amistosa? Eso tendría sentido. Si era así, era un gesto amable y generoso.

—¿Estás loco? —Vincent reaccionó antes de que Paula pudiera hacerlo.

Ella lo miró confundida. ¿Qué tenía de extraño volverse tan cercanos como la familia? ¡Tener un amigo noble era una bendición! Pero las siguientes palabras de Ethan la hicieron darse cuenta de lo equivocada que había estado.

—No, hablo en serio. Paula, ¿qué te parecería formar parte de mi familia? —repitió Ethan con un tono tranquilo y sincero.

Paula dudó un momento y luego preguntó con cautela:

—¿Te refieres a ser tan cercanos como la familia?

—No. Me refiero a convertirnos en una familia de verdad —aclaró Ethan, con una sonrisa amable pero firme.

—¿Familia de verdad? —repitió Paula, sin estar segura de haber oído bien.

—Sí, familia de verdad —afirmó Ethan.

—¿Yo? ¿Contigo? —preguntó, con la voz ligeramente temblorosa.

—Sí, tú y yo —respondió alegremente.

—¿Te refieres a unirme a la familia Christopher? —preguntó, ahora completamente incrédula.

—Exacto. Te unes a nuestra familia —dijo Ethan, asintiendo como si fuera lo más sencillo del mundo.

Sus respuestas directas y sin rodeos dejaron a Paula desconcertada. Lentamente, intentó comprender las implicaciones. Sus ojos, que habían estado muy abiertos, volvieron gradualmente a su forma habitual, dejándola con una expresión semi-congelada, más incómoda que sorprendida. Levantó un dedo, señalando alternativamente a Ethan y a sí misma.

—¿Tú y yo? —preguntó de nuevo, buscando confirmación.

Ethan imitó su gesto, señalándose a sí mismo y luego a ella.

—Sí. Yo sería el hermano mayor y tú la hermana menor —dijo con una sonrisa.

—Disculpa, pero… ¿estás loco? —Paula finalmente logró soltar, reaccionando igual que Vincent.

No se trataba solo de ser amable, sino de unirse formalmente a una familia noble. De formar parte del linaje Christopher. De convertirse ella misma en noble. La idea era tan absurda que no podía comprender por qué Ethan, precisamente él, se la sugeriría.

La propuesta superaba con creces todo lo que ella jamás hubiera imaginado.

¿Era una broma? Observó el rostro de Ethan en busca de alguna señal de picardía, pero no encontró ninguna. Su mirada confusa se dirigió a Vincent, quien lo miraba con los ojos entrecerrados, tratando claramente de descifrar sus motivos. La expresión de Vincent sugería que aún no había comprendido las intenciones de Ethan.

—¿Cuál es tu intención aquí? ¿Por qué haces esto? —preguntó Vincent con brusquedad.

—Te ofrezco mi ayuda. No creerás de verdad que solo porque los dos estéis enamorados, todo se solucionará mágicamente, ¿verdad? —respondió Ethan, yendo directo al grano.

Vincent guardó silencio, no porque Ethan hubiera tocado un punto sensible, sino porque el argumento se basaba en la realidad y no se podía refutar fácilmente. Su diferencia de estatus era el mayor obstáculo, pero no el único. Había otros problemas, muchos de los cuales Paula ni siquiera quería reconocer, como su apariencia y los prejuicios que esta podría suscitar.

A medida que el peso de sus pensamientos aumentaba, también lo hacía su sentimiento de insuficiencia. Aun así, no podía comprender por qué Ethan llegaría tan lejos por ella.

—No tiene por qué hacer esto, señor Ethan —dijo Paula en voz baja.

—¿Por qué? ¿Te disgusta la idea de formar parte de mi familia? —preguntó con un tono juguetón, pero con un toque de seriedad.

—No es eso —aclaró—. Simplemente no quiero molestar.

—Paula, ¿te acuerdas de la apuesta que hicimos? —preguntó Ethan, con un tono de voz inesperado.

—¿La apuesta? —Paula hizo una pausa, confundida. Su expresión de desconcierto hizo que Ethan sonriera con complicidad, como si esperara que lo olvidara.

—Ya sabes, esa de si Vincent te echaría de menos o no —le recordó Ethan.

Ah. Los labios de Paula se entreabrieron ligeramente al reconocerlo. Vincent la miró con curiosidad, sin tener ni idea de que hubiera habido tal apuesta. Había ocurrido durante uno de sus encuentros forzados con Ethan, y en el caos que siguió, lo había olvidado por completo.

—Y la apuesta era que al ganador se le concedería su deseo —continuó Ethan.

—Es cierto, pero ¿por qué sacarlo a colación ahora? —preguntó Paula con cautela.

—Porque ganaste. Así que te concederé tu deseo —declaró Ethan con naturalidad.

Los ojos de Paula se abrieron de par en par por la sorpresa, no solo por la apuesta, sino porque Ethan había planteado la situación de tal manera que su participación parecía a la vez natural e inevitable.

—Necesitas ayuda, ¿verdad? Considéralo mi manera de cumplir tu deseo —añadió Ethan encogiéndose de hombros con indiferencia.

—Espera, ¿qué? —tartamudeó Paula.

—Quieres estar con Vincent, ¿verdad? Si te conviertes en parte de mi familia, tu estatus social mejorará. Así, aunque la gente sepa que tienes una relación con el conde Bellunita, no les parecerá extraño. Las familias Christopher y Bellunita tienen una larga relación, así que no levantaría sospechas. El proceso puede ser un poco complicado, pero lo resolveremos. Soy más capaz de lo que parezco —explicó Ethan, dejando de lado su habitual jovialidad para dar paso a una convicción sincera.

Paula se quedó boquiabierta. Por una vez, las palabras de Ethan tenían un peso que las hacía parecer sinceras.

—¿Qué te parece? Es un buen deseo, ¿verdad? Aunque las cosas no salgan bien, no perderías nada —añadió Ethan con una sonrisa pícara.

—¿Quién dijo que las cosas no iban a salir bien? —interrumpió Vincent bruscamente, con el semblante cada vez más sombrío.

Vincent rompió el silencio con un comentario tajante, dejando claro su disgusto. Ethan, sin embargo, respondió con una sonrisa despreocupada, con un tono ominoso en la voz:

—¿Quién sabe lo que depara el futuro?

Paula vaciló. Por un instante, la sugerencia de Ethan le pareció tentadora. Sin embargo, al reconsiderarlo, la gravedad de lo que proponía la impactó. No podía tomarlo como una simple apuesta; era demasiado serio. Ethan había hablado con ligereza, pero la realidad de llevar a cabo tal propuesta sería cualquier cosa menos trivial. La magnitud del asunto la inquietó.

—Deberías pensarlo —insistió Ethan—. Tal como están las cosas, no hay manera de superar la diferencia de estatus social. Ya lo sabes, ¿verdad?

Vincent no dijo nada, pero su expresión cambió sutilmente. Lo que al principio había parecido una idea absurda, ahora parecía despertar un atisbo de consideración. Paula estaba horrorizada.

«¿En qué estarán pensando estos dos?».

Agitando las manos entre ellos, intervino:

—¡Un momento, esto es absurdo!

—¿Por qué? Se está ofreciendo a ayudar —dijo Vincent con un tono sorprendentemente informal, como si ya hubiera tomado una decisión.

Paula lo miró con incredulidad.

—¿Por qué has cambiado de opinión de repente? No, en absoluto. Me niego.

—Esta es una oportunidad única. Deberías pensarlo bien —insistió Ethan con voz tranquila pero persistente.

Paula negó con la cabeza con firmeza.

—Incluso después de pensarlo bien, la respuesta es no. Olvidaos de la apuesta; rechazo esta idea.

Su respuesta tajante dejó a ambos hombres momentáneamente sin palabras. Mientras se sumergían en sus propios pensamientos, Paula volvió a ponerse tensa, preocupada de que alguno de ellos pudiera hacer otra sugerencia escandalosa.

Rompiendo el silencio, Ethan se volvió hacia Vincent.

—¿Te importaría salir un momento? Necesito hablar con ella a solas.

—Dilo delante de mí —respondió Vincent con tono cortante.

—¿Ya eres tan autoritario? Puede que se canse de eso muy pronto —replicó Ethan, con una sonrisa burlona en los labios.

Vincent lo miró fijamente y luego a Paula, como buscando confirmación. Su expresión prácticamente gritaba: "¿Sientes lo mismo?". Desconcertada, Paula se quedó paralizada, sin saber qué responder. El recuerdo de las constantes visitas de Vincent le vino a la mente, y solo pudo esbozar una sonrisa avergonzada.

Con evidente reticencia, Vincent se levantó arrastrando los pies hacia la puerta. Su disgusto se reflejaba en sus pesados pasos al marcharse, cerrando la puerta tras de sí.

En cuanto se quedaron a solas, la actitud de Ethan cambió. Miró fijamente a Paula con seriedad.

—Paula, tenía pensado hablar de esto desde hace tiempo, y esta situación me dio la excusa perfecta. He decidido que quiero que sigas a mi lado —dijo.

—¿Mantenerme… a tu lado? —repitió Paula, con la voz teñida de confusión.

—Sí. Independientemente de las circunstancias, gracias a ti Vincent se salvó de ser asesinado por James. Por eso, tú también saliste herida. Si no fuera por ti, podría haber vivido el resto de mi vida consumido por el arrepentimiento. Te debo algo que no puedo ignorar —explicó Ethan con un tono cargado de sinceridad.

—Pero esto es demasiado para saldar esa deuda —protestó Paula, con la voz quebrándose bajo el peso de sus palabras.

—No es algo que diga a la ligera. Lo he pensado mucho antes de sugerirlo. Lo digo en serio, así que espero que vosotros también lo consideréis seriamente —dijo Ethan.

—Señor Ethan, esto sigue siendo absurdo —respondió Paula con firmeza.

—¿Tienes miedo de formar familia con un conde que ha sobrevivido devorando a su propia estirpe? ¿Te preocupa que yo también pueda consumirte? —bromeó Ethan, con una leve sonrisa asomando en la comisura de sus labios.

—No es eso, y lo sabes —espetó Paula, frunciendo el ceño. Odiaba oír semejante cosa, aunque fuera en broma. No era momento para comentarios informales como ese.

Cuando ella abrió la boca para negarse de nuevo, Ethan se le adelantó.

—Entonces piénsalo de esta manera: ¿no te das cuenta de que sabes demasiado sobre lo que ha sucedido aquí?

Paula se quedó paralizada, con la negativa atascada en la garganta. Miró a Ethan con los ojos muy abiertos. Su sonrisa se desvaneció, reemplazada por una expresión desprovista de toda emoción.

—Sabes lo de James. Lo de Lucas. Lo de todo. ¿De verdad creíste que te dejaría ir sabiendo todo eso? —preguntó Ethan con un tono tranquilo pero escalofriante.

Se le cortó la respiración. La tensión que se había aliviado un poco antes la atenazó de nuevo con más fuerza que nunca. Sintió como si una cuchilla se hubiera materializado, flotando justo encima de su cabeza. Se le secó la boca y el sudor le empapó las palmas de las manos.

La respuesta a su pregunta era obvia. No.

—Tu relación con Vincent fue inesperada, pero incluso si eso no hubiera sucedido, no tenía intención de dejarte ir —admitió Ethan sin rodeos.

—¿Para… observarme, entonces? —susurró Paula, dejando escapar las palabras antes de que pudiera detenerlas.

—Si así es como tú decides verlo —respondió Ethan sin dudarlo.

Daba igual cómo lo presentara; era imposible separar su propuesta de su verdadero propósito. Quisiera o no, estaba al tanto de secretos que nadie más podría conocer. Aunque jurara guardar el secreto hasta la tumba, nadie confiaría en ella.

Al final, la oferta de Ethan no fue solo una solución, sino una atadura.

Sin importar cómo lo planteara, era imposible eludir la intención subyacente. Estaba atrapada en su mundo de secretos y tragedias, y nadie confiaría en que se marchara sin consecuencias.

La tensión persistía en su pecho incluso después de que Ethan se levantara, dando por terminada la conversación con una media sonrisa. Al abrir la puerta, la figura de Vincent, apoyado contra la pared exterior, apareció ante sus ojos. Ethan lo despidió con un gesto de desdén, y Vincent respondió con un ceño fruncido.

Esa noche, Paula dio vueltas en la cama, incapaz de conciliar el sueño. Finalmente, cayó en un sueño intranquilo, solo para ser despertada bruscamente por el sonido de algo que la golpeaba. Incorporándose aturdida, encendió la lámpara y se quedó paralizada al ver una figura sombría que se abalanzaba sobre ella.

Antes de que pudiera gritar, una mano le tapó la boca. Abrió los ojos de par en par al mirar a su agresor y lo reconoció.

—Cállate —siseó el hombre con voz baja pero cortante. Su mirada recorrió la habitación antes de posarse en ella. Su rostro reflejaba la sorpresa de ella.

Era Johnny; su aspecto desaliñado delataba semanas de penurias. Ella no lo había visto desde el día en que le dispararon.

—Tú… —comenzó Johnny, con la voz entrecortada mientras recuperaba el equilibrio. Su sorpresa pronto se transformó en serenidad—. Quédate quieta y no hagas ningún ruido. ¿Entendido?

Paula asintió frenéticamente. Johnny apartó la mano de su boca y retrocedió, observándola atentamente. Por primera vez, notó su aspecto demacrado: el rostro desmejorado, la ropa hecha jirones. Fuera lo que fuese lo que lo había traído hasta allí, no había sido fácil.

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