Capítulo 89

—No lo odies demasiado. Simplemente es demasiado precavido porque se siente solo.

—No lo odio.

 —¿De verdad?

—¿Quizás… un poco? —admitió a regañadientes.

Ethan soltó una carcajada, una risa fuerte y despreocupada. Se agarró el estómago, disfrutando claramente del momento, mientras Paula apoyaba la barbilla en la mano, observándolo con expresión fría.

—Casi lo olvido: esa honestidad tuya es uno de tus encantos, Paula.

—Es un encanto del que puedo prescindir —respondió secamente.

—¡Jaja! A veces necesita que le den un buen regaño, ¿sabes? Un poco de disciplina nunca viene mal. La niñera lo mima mucho cuando se porta mal, pero alguien tiene que ponerle freno.

—Gracias por el consejo —dijo Paula asintiendo con fingida seriedad—. Bien, lo disciplinaré. Y si alguien se queja, diré que Ethan me dio permiso. —La idea la hizo sonreír levemente mientras Ethan volvía a reír.

—Tú también has conocido a Joely, ¿verdad? Es decir, tenías que conocerla, viviendo aquí.

—Sí. Pero… ¿qué relación tiene con el maestro? —preguntó Paula con vacilación.

Llevaba tiempo sintiendo curiosidad. Entendía la conexión de Robert como hijo de Violet y se había sentido aliviada al ver que Vincent no había cortado completamente los lazos con ella. Pero Joely seguía siendo un misterio.

Espera, ¿no se refirió Ethan a Robert como su sobrino? Entonces Violet y Joely debían ser…

—¿No lo sabías? —preguntó Ethan, con un tono ligeramente sorprendido.

—¿Saber qué?

—Ah, supongo que no sería obvio —murmuró. Inclinándose ligeramente, bajó la voz con aire de complicidad—. Esto es un verdadero secreto, ¿de acuerdo? Solo entre nosotros. Prométeme que no se lo dirás a nadie.

—Lo prometo —dijo Paula, con creciente curiosidad.

—Es una princesa.

—¿Una princesa? ¿Una princesa? —repitió Paula, con la voz cargada de asombro.

Ethan se rascó la nuca, sonriendo tímidamente.

—¿De verdad no lo sabías?

Paula parpadeó, atónita. Ethan continuó, aparentemente disfrutando de su reacción.

—Joely y Violet crecieron jugando juntas. Aunque Joely pertenece a la realeza, nunca discriminó a nadie por su estatus. Así fue como se hicieron amigas, y lo han sido desde entonces.

—Entonces… ¿la princesa de las noticias…?

—Viste eso, ¿eh? Sí, ella salió en el anuncio de compromiso con Vincent.

—¿Entonces fue real?

—No exactamente. Fue más bien una prueba, solo un rumor que circuló.

Paula quedó atónita. No había reconocido a la princesa en la fotografía borrosa del periódico. La figura elegante y serena del artículo parecía estar a años luz de alguien que llevaba una vida tranquila en una mansión apartada.

—Entonces… ¿cómo terminó ella aquí?

—Es una larga historia —dijo Ethan vagamente, con un brillo travieso en los ojos—. Pero se podría decir que forma parte de su vida real.

—¿Qué significa eso?

—A veces, la gente solo necesita un respiro —respondió enigmáticamente, riendo suavemente ante su expresión de desconcierto.

A pesar de su creciente curiosidad, era evidente que Ethan no iba a dar más explicaciones.

—Ella llamó a Robert su sobrino. Entonces, ¿Violet es…?

—Ella también es de la realeza. Puede que Violet no lo parezca, pero tiene sangre real.

—No lo sabía.

La sonrisa de Ethan se tornó un poco melancólica.

—¿Hay algo más que te interese saber?

Paula hizo una pausa, sumida en sus pensamientos. Una pregunta la había atormentado desde que lo volvió a ver. Dudó un instante, observando de reojo la expresión ahora amable de Ethan. Armándose de valor, finalmente habló.

—Ethan.

—¿Sí?

—Cuando volví a ver a Vincent… sus ojos… —Paula dejó la frase inconclusa, tragando saliva nerviosamente. Ethan ladeó ligeramente la cabeza, animándola a continuar—. Estaba preocupada por él, pero ahora parece estar bien. Tiene buena complexión y su vista parece estar bien.

—¿Y? —preguntó Ethan con suavidad.

—Pero… verlo así me hizo preguntarme algo.

Mientras pronunciaba esas palabras, Paula sintió una opresión en el pecho. Se humedeció los labios resecos, incapaz de mirar a Ethan a los ojos. Al percibir su reticencia, Ethan esperó pacientemente, su semblante tranquilo la incitaba silenciosamente a hablar.

Finalmente, susurró la pregunta que había tenido demasiado miedo de formular.

—¿Qué le pasó al señor Lucas?

—Me preguntaba cuándo me lo preguntarías —dijo Ethan en voz baja.

A Paula se le hizo un nudo en la garganta mientras Ethan la observaba.

—¿Por qué ver a Vincent te hizo pensar en Lucas? —preguntó.

Paula vaciló antes de responder, con voz baja y temblorosa.

—Una vez, el señor Lucas dijo algo…

En aquel entonces, pensó que solo era una broma, un comentario imprudente que la molestó, pero una parte de ella esperaba que no fuera en serio. Sin embargo, volver a ver a Vincent la obligó a considerar la posibilidad de que Lucas lo hubiera dicho en serio desde el principio.

—Dijo que quería darle a Vincent su mundo.

Solo con mencionarlo, sentía un dolor punzante en el pecho. El recuerdo de Lucas siempre le había dolido, era una herida que no cicatrizaba. Había intentado olvidarlo, convencerse de que vivía feliz en algún lugar lejano. Era más fácil ignorar la inquietud que sentía, fingir que todo estaba bien.

Porque tenía que estar bien. Se merecía estar bien.

La mirada triste de Ethan se encontró con la de ella, como si se disculpara por la verdad que estaba a punto de revelar. Paula no pudo soportar mirar más. Se cubrió el rostro con las manos y se inclinó hacia adelante, presionando los dedos contra las rodillas.

—Paula —dijo Ethan con voz suave, casi un susurro.

—Sí… —murmuró Paula, con la voz amortiguada por sus manos.

—Lucas no dudó ni un instante —dijo Ethan en voz baja—. Y no se arrepintió.

—¿De verdad no había otra manera? ¿No podía haber otra solución? —preguntó Paula con voz teñida de desesperación.

—Tal vez —respondió Ethan—. Si hubiéramos esperado, quizás se habría revelado otro camino. Una forma para que Lucas viviera y para que Vincent se abriera paso en el mundo. Pero no había tiempo suficiente. La condición de Lucas empeoraba cada día. Había sido débil desde la infancia, y eso solo complicaba las cosas. Era lo que Lucas quería. Fue su decisión, y yo quería respetarla.

La voz de Ethan era tranquila, pero Paula podía sentir el peso de sus palabras, sabiendo cuánto dolor le costaba hablar con tanta serenidad. Solo podía imaginar el tormento que había soportado: ver a su hermano sacrificarse voluntariamente por un amigo, sin poder detenerlo.

Lucas tenía sus razones, al igual que Vincent tenía sus problemas. Ethan se encontraba atrapado entre ambos, obligado a tomar decisiones imposibles y a soportar el peso insoportable de esas elecciones.

¿Cuánto tiempo le había costado aceptar la decisión de Lucas? ¿Cuántas noches había lidiado con el dolor, la tristeza, la culpa? Paula finalmente comprendió el significado de las palabras de Ethan.

—Un conde que consumió a su propia familia para sobrevivir.

No era solo un rumor, era su verdad. Una verdad amarga y desgarradora.

Recordó la expresión de Ethan de antes, cómo su rostro se había endurecido, desprovisto de su humor habitual. Ese no era el Ethan que ella conocía; era el cascarón vacío de un hombre que había quedado para seguir adelante después de todo. Incluso las sonrisas que le dedicaba ahora probablemente ocultaban una tristeza más profunda. Reconoció su costumbre de disimular el dolor con una actitud despreocupada.

Las lágrimas brotaron de sus ojos y no pudo contener los sollozos. Se mordió el labio para ahogar el sonido, pero este se le escapó de todos modos. Era la segunda vez que lloraba desde que había llegado.

La primera había sido para Lucas.

Esta vez, era para Ethan.

Y para el hombre que tuvo que aceptar un destino tan cruel.

Porque eso era todo lo que podía hacer por ellos.

—Paula —dijo Ethan con dulzura, su voz quebrándose entre sus sollozos—. ¿Lo recordarás? Por mucho que duela, por favor, no lo olvides. Guarda los recuerdos de Lucas en tu corazón.

«¿Tengo derecho a recordarlo?», pensó. «Después de todo, lo dejé atrás. Hui e intenté olvidarlo todo. ¿Acaso merezco recordarlo?»

Como si leyera sus pensamientos, Ethan le puso una mano reconfortante en el hombro, dándole permiso en silencio.

—Por favor, recuérdalo. Quiero que lo hagas.

—Yo… yo lo haré —susurró Paula entre sollozos—. No lo olvidaré…

—Gracias.

Ella negó con la cabeza furiosamente, rechazando su gratitud. Ethan simplemente continuó acariciándole el hombro con suavidad, con un toque delicado y amable.

Lentamente, ella alzó la cabeza. Al bajar las manos, los ojos de Ethan se abrieron de par en par y su expresión se tornó traviesa y juguetona. Era evidente que su rostro, surcado de lágrimas y manchado de mocos, le divertía.

Sacó un pañuelo y se lo ofreció, pero en lugar de cogerlo, Paula extendió la mano y le revolvió el pelo.

¿Cuánto había soportado Ethan, solo tras todo aquello? Vincent se había aislado al perder la vista, pero Ethan no era así. Era alguien que afrontaba la realidad de frente, alguien que seguía adelante sin importar el precio. Al igual que ella, Ethan debió de haber optado por no mirar atrás, temiendo que la tristeza lo invadiera si lo hacía.

Eso solo hizo que el corazón de Paula doliera aún más.

—Has pasado por tantas cosas —dijo ella en voz baja—. Te mantuviste firme muy bien.

La sonrisa de Ethan se desvaneció, reemplazada por una expresión de silenciosa vulnerabilidad. Paula sonrió con dulzura, mostrando sin pudor su rostro surcado por las lágrimas. Quería llorar por él, derramar las lágrimas que probablemente él nunca se había permitido derramar.

—Gracias por aguantar —dijo con voz temblorosa—. Gracias por vivir.

—No digas esas cosas —murmuró Ethan, con la voz apenas audible.

—Gracias.

El rostro de Ethan se descompuso finalmente. Sus muros cuidadosamente construidos comenzaron a resquebrajarse, aunque no se derrumbaron por completo. Levantó una mano para cubrirse la cara, luchando por recuperar el control. Paula extendió la mano una vez más, con un toque suave mientras le acariciaba la cabeza.

Pero no lloró. Tras un instante, Ethan calmó su respiración y se recompuso. Sus defensas resistieron, resquebrajadas, pero aún en pie. Solo el leve enrojecimiento de sus ojos delataba las emociones que había luchado por reprimir.

Ethan le sujetó la muñeca suavemente, apartando su mano de su cabeza.

—No has cambiado, Paula.

—Excepto por mi flequillo.

—Eso me pilló desprevenido —admitió con una leve risa.

—¿Cómo me reconociste tan rápido? —preguntó, inclinando la cabeza con curiosidad—. Pensé que el flequillo lo haría más difícil.

—¿Creías que no te reconocería?

—Bueno… sí.

—Ya te lo dije, ya había visto tu cara antes.

¿Lo había hecho? Paula no lo recordaba y arqueó una ceja con incredulidad. Ethan, fingiendo estar ofendido, hizo un puchero dramático. Ella rio de inmediato, genuina y ligera, y pronto él se unió a ella, mezclando su risa con la de ella.

Se dio cuenta de que él disimulaba su tristeza con risas. Era su manera de sobrellevarlo: de ocultar el peso de su dolor hasta que se desvaneciera con el tiempo, hasta que recordarlo ya no le doliera tanto. Sabía que la tristeza no desaparecería por completo, pero compartirla ahora, aunque fuera un poco, les resultaba un pequeño alivio a ambos.

—La última vez que te vi, esperaba que no volviéramos a encontrarnos —admitió Ethan, con la voz teñida de arrepentimiento.

Paula asintió, sintiendo lo mismo. Su despedida había sido amarga y nunca esperó volver a verlo, al menos no así. Si sus caminos se cruzaban alguna vez, imaginaba que sería por casualidad, breve y lejano.

Pero allí estaban, reunidos de una manera que ninguno de los dos había previsto.

—Me alegra verte de nuevo —dijo Ethan, ofreciendo una amable sonrisa.

Paula le devolvió la sonrisa, reflejando la calidez de él.

—Sí.

 

Athena: Ay… pobre Lucas. Pobrecito, de verdad. Supongo que ahí tenemos a Vincent con su trasplante de córneas. Y Joely entonces es una princesa en retiro espiritual sin compromiso con Vincent… Ahora que Ethan entró de nuevo en la historia, ¿se dará cuenta por fin el tipo este?

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